

El agitador de la BBC Adam Curtis realizó la clarividente película para televisión “The Trap: What Happened to Our Dream of Freedom” (2007), en la que anunciaba con lúcido diagnóstico el final de la opulencia y la inminente destrucción de un sistema económico basado en el interés individual. El corrosivo filme “Enron, los tipos que estafaron América” (2005), explicaba con algo de sorna los entresijos del sonado y desvergonzado escándalo financiero en la séptima empresa más importante de Estados Unidos. Junto a la serie “The Wire” (2002-2007), que durante los seis años previos al derrumbamiento esbozó una radiografía social y política de los fracasos del capitalismo, estas creaciones audiovisuales alertaron del peligro.
A partir de la quiebra oficial en 2008, el cine norteamericano ha tratado de lidiar con las contradicciones y la complejidad de la crisis imprimiendo en muchos casos relativismo a los hechos. Es el caso de la secuela de Oliver Stone, “Wall Street II. El dinero nunca duerme” (2010), el regreso de Gordon Gekko como tiburón de las finanzas en una de las películas más reaccionarias que han salido de Hollywood en los últimos años. Tom Tykwer apuntaba al concepto de la élite de Davos en su thriller financiero “The International: dinero en la sombra” (2009), que retrataba los oscuros intereses del mismo tipo de multinacionales
a las que Michael Moore exigía cuentas en la panfletaria “Capitalismo: una historia de amor” (2009), que vendría a ser la versión sentimentalista y demagógica de “Inside Job”, recién estrenado en nuestro país. Más convincente es el docudrama “Cleveland vs. Wall Street” (2010), producción franco-suiza que ponía en escena la denuncia de una ciudad estadounidense a los banqueros de Wall Street por la emisión de hipotecas sub-prime.
La luz del cine independiente, siempre atenta a las enfermedades de su tiempo, ha alumbrado de múltiples modos las atrocidades económicas. Si alguien ha sabido captar el estado del alma neoyorquino tras la debacle ha sido Steven Soderbergh con “The Girlfriend Experience” (2009), y si alguien ha sabido profundizar en el angst existencial de la población más desfavorecida ha sido Kelly Reichardt con “Wendy & Lucy” (2008). A su vez, Sam Raimi dio rienda suelta a su rabia contra los bancos en “Arrástrame al infierno” (2009), humor macabro en clave fantástica-terror donde el germen de las pesadillas satánicas estaba en una sucursal bancaria. En “Up in the Air” (2009), de Jason Reitman, la ficción de un ‘especialista en
despidos’ (George Clooney) convivía con la exposición de casos reales de pérdidas dramáticas de empleos.
Pendiente de estreno en nuestro país está la excelente “Tokio Sonata” (2008), del japonés Kiyoshi Kurosawa, donde la reconversión financiera aboca a una familia a la perdición. Michael Winerbottom adaptó para la pantalla el ensayo de Naomi Klein sobre política neoliberal en el documental “La doctrina del shock” (2010), y el alemán Christoph Hochhäusler retrató en “Unter dir die Stadt” (2010) la enfermiza atmósfera de una oficina con sentimiento apocalíptico, mientras que Jean-Luc Godard colocaba la crisis económica y la cuestión griega en el centro huracanado de su ensayo-collage “Film Socialisme” (2010). A excepción de la reciente “Vidas pequeñas” de Enrique Gabriel, el cine español, tradicionalmente autista, no ha mostrado de momento especial interés por explorar las causas y los efectos de la crisis. Con el drama criminal “La caja 507” (2002), Enrique Urbizu denunció la especulación inmobiliaria que hoy ocupa el centro de atención de la serie de calidad “Crematorio”. Y ahí queda todo, mientras seguimos a vueltas con la guerra civil y la conquista de América.

La última película del director Julio Medem une a Elena Anaya, una actriz que se consagra película a película y próxima chica Almodóvar y a Natasha Yarovenko, una recién llegada, pero con un futuro de cine, como lo reconoce el Premio que recibirá en el próximo Festival Internacional de Cine Cinema Jove, por una noche. El lugar, una habitación que esconde muchos secretos.
Alba es una ingeniera española y Natasha una rusa a punto de casarse. Las dos se conocen en Roma y deciden compartir su última noche en la Ciudad Eterna. La pasión, el dolor y el amor serán los protagonistas. Unas horas en las que se quitarán sus máscaras para desvelar muchas cosas que llevaban ocultas demasiado tiempo.
Esta es la historia de amor que nos cuenta Medem en Roma, pero esta ciudad solo la disfrutaron durante 24 horas, el resto de las semanas de rodaje transcurrieron entre cuatro paredes, en un decorado construido en Madrid.
La película es una cinta por encargo que le propuso el productor Álvaro Longoria a Medem. Se trataba de hacer un remake de la película chilena “En la cama” (2005) de Matías Bize. Pero el donostiarra no lo veía muy claro al principio, no entendía como conociendo su cine podían haber pensado en él. Pero Medem le dio vueltas al proyectos, escribió su versión en unos días y se puso como condición que la misma transcurriera durante la noche más corta del año y que la protagonizaran una rusa y una española que se encuentran en Roma.

Al principio el guión tenía más dosis de comedia, pero poco a poco, la historia dejó de ser un encargo y el universo de Medem fue contagiándolo todo, habitando en cada esquina, en cada rincón de esa habitación. La original sirvió a Medem de inspiración y fundamento únicamente y no se detecta referencias a la misma en ningún momento.
El argumento, sencillo, Roma, dos mujeres se encuentran y pasan la noche juntas en la habitación de un hotel. Esto no lleva a pensar fácilmente que nos encontramos ante una película de amor lésbico. Pero este es un film que tiene como objetivo reivindicar a la mujer, a lo femenino como centro de todo, y la belleza y el misterio como elementos indispensables para superar un fuerte dolor.
Temas que podemos localizar en la filmografía de Medem. Aquí se arriesga mucho con el lenguaje que usa, pero es que sino no sería Medem. Prescinde del mundo exterior, no se ve más allá del hotel y el paisaje, un elemento fundamental en su cine esta aquí presente de tres formas muy distintas y originales, el mundo visto a través del ordenador, el pasado (recuerdos) guardado en el móvil y los cuadros que cuelgan de las paredes.
Poco a poco las dos mujeres se van desnudando una frente a la otra, pero lo que realmente están desnudando son sus sentimientos más profundos y dolorosos que aflorarán a lo largo de una noche de confidencias y rechazos.

Medem va más allá y lo que empieza como una relación casual de sexo de una noche se convierte poco a poco en una auténtica historia de amor que marcará y dejará huella en sus protagonistas.
Porque todo ello, la relación sentimental y amorosa, las reflexiones que comparten, sus pasados, sus actitudes ante la vida, las dudas, las personalidades y su condición humana, no alcanzarían ese rigor y complejidad que se le pide a la cinta sino fuera por la puesta en escena de Medem. El director explora minuciosamente cada rincón de la habitación como si del alma humana se tratase.
Excelente también es el trabajo de interpretación de las dos actrices que desnudan a sus personajes en todos los sentidos y nos llevan muy fácilmente al terreno de lo físico y lo psíquico pretendidos por el director, para implicarnos de lleno en la historia.
“Habitación en Roma” podría ser considerada como el regreso de Medem a su universo particular sin la intrusión de elementos externos. Al igual que “Tierra” o “La ardilla roja”, la película narra una sencilla historia de amor en la que las mentiras, verdades a medias y el juego de identidades tiene un papel esencial en la trama. También, y como es habitual en el cine del donostiarra, la sexualidad tiene un importante papel como acto liberador del alma. Es curioso que en sus películas, el éxtasis sexual casi se asemeja siempre a una especie de éxtasis místico, como una manera de trascender la vida y la muerte a través del erotismo.

Las propias enamoradas explican que esta noche han sentido el amor más profundo, pasional y arrebatador que han experimentado nunca por nadie… que serían capaces de dejarlo todo (sus actuales vidas, parejas, trabajos…) por quedarse en Roma juntas… que van a gozar del mejor orgasmo de su vida… Pero ninguna de esas intenciones se llega a concretar.
El anuncio del mejor orgasmo de sus vidas acaba siendo dos orgasmos con las manos y un 69. Ninguna de las escenas de sexo muestra esa pasión extrema que tanto prometen. Sensibilidad y caricias, sí pero… qué lástima si esa ha sido, como dicen ellas, su mejor experiencia sexual…
El profundo enamoramiento proviene de la complicidad que se crea entre ellas al desvelarse secretos de sus vidas, al explicar sus sufrimientos, miedos, complejos, invenciones y fantasías… una vez más, lo que se refleja en la pantalla no llega al nivel de pasión y enamoramiento que es capaz de volverte la vida del revés, que te arrebata los sentidos y que te hace desmayar en el dolor-placer. La idea que intenta transmitir Medem existe, pero no tiene un resultado intenso, creíble, real. Aún así no deja de ser una buena y recomendable película de unos de los directores más ‘particulares’ de nuestro panorama nacional.



¿Cómo puede un zorro ser feliz sin un pollo entre los dientes? Bajo esta reflexión de puro existencialismo animal, arranca “Fantástico Sr. Fox”, la adaptación de un cuento de Roald Dahl de 1970, traducido como “El superzorro” en España.
Wes Anderson ha sido el encargado de llevar al cine el siniestro humor de Dahl, autor de conocidísimos cuentos como “Charlie y la fábrica de chocolate” o “James y el melocotón gigante”, sobre el astuto señor Zorro, un antiguo ladrón de gallinas reconvertido a columnista de periódico, que decide dejarse llevar por su instinto salvaje y asaltar tres granjas.
‘Me encantó el personaje de Fox, esa especie de animal heroico y ligeramente vanidoso’, asegura Anderson. Y para darle movimiento a la astucia de Dahl, el director decidió utilizar la animación stop-motion, uno de los métodos más antiguos de efectos
especiales, donde los muñecos se mueven a mano y se filman fotograma a fotograma para simular el movimiento. En su creación se emplearon 500 muñecos, cada uno fabricado a cuatro escalas diferentes. El equipo diseño casi 4.000 objetos de atrezzo y hasta 150 decorados distintos.
El resultado es una película de inmejorable calidad visual, donde para disfrutar completamente de la experiencia sería conveniente, si se puede, acudir a su versión original, para disfrutar de las voces de George Clooney, como Fox, Meryl Streep, su señora y la única persona a la que no puede mentir y Hill Murria, el tejón abogado de la familia.
Esta es una adaptación libre que incluye algunos pequeños cambios o añadidos de escenas y personajes, a la historia original de Roadl Dahl. El relato lo protagoniza una pareja de zorros que vive en una modesta guarida con un hijo inadaptado adicto a los cómics de superhéroes y un sobrino acogido temporalmente que es un buen deportista. El padre, periodista, se traslada con su familia a una guarida de lujo rodeada de granjas, con aves y sidra, que despierta su instinto depredador, declarándose una guerra entre los acosados animales del contorno y tres malvados granjeros del lugar.
“Fantástico Sr. Fox” es una fábula que le cuesta convertirse en una metáfora sólida ya que refleja todo el mundo cotidiano de su creador Dahl, trasmutado aquí en el Sr. Fox, sobretodo su amor por la naturaleza y los animales. Su realizador Wes Anderson respeta los diálogos y los títulos de los capítulos del original literario, pero ha declarado en varias ocasiones haberse inspirado especialmente en el film ruso “El cuento del zorro” (Ladislas Starevich, 1941).
Su rodaje duró prácticamente un año debido a la gran dificultad que presentan unas marionetas animadas captadas tanto en planos-secuencia descriptivos como en unos primeros planos muy expresivos, procurando además una excesiva caricaturización mediante la sobriedad de sus gestos y movimientos, como si se tratara de un gran trabajo interpretativo por parte de actores de carne y hueso.

La composición de los personajes esta muy cuidada, creando personajes complejos y conflictivos en ocasiones, a modo de una proyección de la condición humana. Su protagonista es un ser contradictorio, noble y heroico, generoso y astuto, vanidoso y pícaro, que lucha contra la injusticia y que ayuda a los suyos con una mezcla de ternura y egoísmo, de humor y crueldad, siendo evidente en determinados momentos el homenaje a algunas míticas secuencias de la historia del cine.
Sus decorados, construidos todos en estudio a diversas escalas, como los personajes, desprenden una sensación otoñal por la escasez de tonalidades verdes. El mundo subterráneo es el predominante, dando así una sensación de resistencia frente al enemigo. En los exteriores se ha recreado la campiña inglesa a la perfección, imitando claramente “Gipsy House”, el lugar donde Roadl Dahl habitó y escribió.

Un director que cuida la música
Wes Anderson, nacido en Houston, Texas, no solo es un gran director de cine, guionista, actor y productor, sino que también es un melómano empedernido, tal y como puede demostrarse en cualquiera de sus películas.
Desde que hiciera sus primeros pinitos con una cámara Super 8, Wesley Mortimer
Wales Anderson tenía claro cuál iba a ser su futuro profesional. Será en la universidad, donde estudió filosofía, donde conocerá a Owen Wilson, con quien escribirá su primer largometraje: “Bottle Rocket”. Al igual que sus películas guardan muchas similitudes en cuanto al reparto con el que trabaja, actores como Angelica Houston, Owen Wilson o Bill Murray suelen ser fijos intérpretes, las bandas sonoras, que este autor selecciona concienzudamente, no dejan de lado a constantes míticos musicales.
En primer lugar, tenemos al que ha sido compositor fijo de Anderson en sus primeras películas, Mark Mothersbaugh, experimentado artista co-fundador de la banda New wave Devo, con el que ha trabajado en todas sus películas hasta que llegó “Viaje a Darjeeling”, para la cual escogió varios temas hindúes y en la que sobre todo destacan artistas como The Beatles, Nico o The Kinks.
Para “Fantástico Mr.Fox” que estuvo nominada a los Oscar en la categoría de Mejor Música Original, el peculiar director vuelve a apostar por un creador. Se trata de Alexandre Desplat, un compositor francés cuya carrera ha sido extensamente reconocida y galardonada, con cintas como, “El Velo Pintado”, “La Reina”, “El curioso caso de Benjamin Button”, que le avalan.
En cuanto a la elección de grupos, Anderson siempre ha mostrado una cierta devoción por incluir en sus bandas sonoras a The Rolling Stones. En el caso de “Fantástico Mr Fox”, el tema elegido es ”Street fighting man” de 1968, aunque en todas sus películas pueden escucharse diversos temas de la banda británica a pesar de que no será hasta la edición de la banda sonora de “Viaje a Darjeeling” cuando Anderson podrá oficialmente incluir temas de los Stones en la edición del disco, debido a temas contractuales.
En esta ocasión, Anderson se ha decantado por temas como “Heroes and villains” y “Old Man River” de The Beach Boys, “Night and Day”, interpretada por el magnífico pianista de jazz Art Tatum, “Let her dance” de Bobby Fuller, gran guitarrista norteamericano de los 60 o varios temas de Burl Ives, conocido actor y músico folk norteamericano de los 50, que ofrece un toque muy genuino a esta banda sonora. Rodeado de tanto clásico, llama la atención “Fantastic Mr Fox AKA Petey’s Song“, compuesta para la película por el mismísimo Jarvis Cocker de Pulp.
Entre la música que suena a antaño y la técnica stop motion, utilizada por primera vez en 1898, Wes Anderson no sólo ha adaptado una de las mejores historias de Roald Dahl, sino que lo ha hecho a la antigua, con el toque personal que tanto le caracteriza y con las voces de grandes actores en los papeles protagonistas.


“Donde viven los monstruos” es la adaptación de un famoso cuento de Maurice Sendak que en EE.UU es prácticamente una lectura obligada. Spike Jonze su director, se aparta considerablemente del cuento para poder adaptarlo de la forma más adecuada al medio cinematográfico, pero como ya sabemos una cosa es lo escrito y otra bien distinta lo filmado. El director atípico pero a la vez deslumbrante cumple a la perfección con su labor, creando un estilo sugerente y firmado uno de sus mejores trabajos tras su ópera prima.
En “Donde viven los monstruos”, Jonze nos narra el viaje de madurez de un pequeño rebelde, que huyendo de casa llega con una barca hasta una isla habitada por monstruos de lo más peculiar. En un principio, Jonze da vueltas a lo mismo una y otra vez, cayendo un poco incluso en la repetición, pero claro, el cuento en el que se basa es muy corto y su idea principal queda bastante clara desde el principio. Pero hay algo en la imagen del film que cautiva, que fascina en cada fotograma, sobre todo en su segundo tercio. Un acercamiento al complicado mundo de la infancia, una mirada del propio director sobre el tema. Jonze logra una buena película que llega a emocionar con sólo el poder de la imagen. Nos encontramos ante un despliegue imaginativo propio de Jonze al servicio de una historia llena de sentimientos y que emociona por momentos. Posee un aire melancólico con una cuidada puesta en escena donde cada plano esta cuidado al detalle. Con un manejo de los efectos especiales al servicio de su objetivo: trasladarnos a la edad infantil con sus miedos, sus dudas y su espíritu inocente. Esos monstruos, sus expresiones, sus palabras y su actitud son todo un prodigio. Además las criaturas son enormemente fieles al libro de Maurice Sendak, gigantescas y grotescas.
El filme resulta diferente, pero no es en absoluto una película para todos los gustos. Y eso que en un principio, viene disfrazada como cine infantil, pero es en realidad una cinta para adultos que quieran evadirse con un relato imaginativo y emotivo, pero en cierta medida no muy fácil de digerir.
Una cinta extraña y compleja aunque su autor sabe manejar eso tan intangible como es la magia, la inspiración y la emoción pura, especialmente en las escenas donde la historia se antepone al virtuoso efecto que nos producen esos monstruos.
Sin embargo, y a pesar de manejar en cierta manera la ambigüedad, la película logra
transmitir su principal mensaje de forma clara y contundente. El sentimiento de soledad, de incomprensión que vive Max, el niño protagonista, es el motor que nos traslada a esa evasión, que supone el viaje a un mundo imaginario poblado por monstruos con crisis de identidad. En este sentido, el arranque, la presentación del personaje protagonista y de su padecimiento es sobresaliente. Aquí Jonze logra a la perfección transmitir la tristeza y desolación de Max.
En su viaje al mundo de los monstruos no encontramos ni una sola concesión al común desarrollo de una historia infantil, es más se aleja por completo en favor de la poesía, de la fábula aunque todo esté envuelto en cine para niños.
Ese duro viaje de Max resulta contundente, lleno de magia, a la par que surrealista, y su regreso resulta épico. Dejando atrás sus monstruos y regresando despojado de la furia, el descontrol y el miedo con el que partió.
Los seres de la película son puras metáforas de las emociones, sentimientos y perspectiva de las cosas de un niño. Un niño infeliz, un niño problemático, pero un niño que sólo intenta comprender las cosas que le rodean, el mundo cada día más amplio, cada día más difícil al que se enfrenta. Así pues, este conjunto de criaturas son Cosas Salvajes que habitan en mayor o menor medida dentro de cada niño, e incluso de cada uno de nosotros. Los Monstruos son otra cosa, son seres feroces, son incomprensibles. Pueden matar.

Posee una virtud que quizá la hace todavía más admirable. A lo largo de todo el recorrido, y como es imaginable que sucederá, la contienda aparece para no dejar un camino tan llano a nuestros protagonistas, haciendo que se desate el conflicto y que parezca necesario buscar soluciones. Sin embargo, no es así: el niño se comporta como tal, es capaz de ver lo que sucede, es consciente de lo que acontece como impostado rey, pero no tiene a su alcance la virtud que poseería quizá un adulto, la de ofrecer una salida que lleve al diálogo, y del mismo modo les sucede a unos monstruos que se comportan de forma similar y quitan importancia a lo sucedido. Y es ahí donde radica su fuerza, en el alejamiento del sermón más convencional, de la moralina más típica, logrando que todo se resuelva con una naturalidad increíble y no se tienda a tirar del discurso para dar fin a algo que, casi sin quererlo, termina siendo solucionado.
Una película muy interesante desde el punto de vista pedagógico no se si muy recomendable al público infantil, o como mínimo, no a todos los niños por su, en ocasiones, cruda forma de representar los sentimientos amargos o la agresividad que puede llevar un pequeño en su interior.
Cabe añadir el buen aporte que hace la banda sonora compuesta por Karen O and the kids, con temas dotan de mayor dinamismo a la historia y le otorgan un punto extra de entretenimiento y diversión.
“Donde viven los monstruos” es una fantástica propuesta de cine con gran calado, inquietante, imaginativo, no falto de riesgo y por ello no apto para todos los públicos, especialmente los adultos a los que se supone debe llegar. Un resultado emocionante que nos transporta a la infancia en un viaje sensorial y visualmente desbordante. Un film que me conmovió profundamente.