50 años de “West Side Story”

30 10 2011

 

 

El musical es uno de los géneros que prosperó vertiginosamente con la llegada del cine sonoro. De hecho, podemos decir que la primera película completamente sonora fue un musical: “The Jazz Singer”. Prueba del éxito que el género tenía entre el público de los años treinta es que “The Broadway Melody” se alzaría en 1929 con el Oscar a la mejor película. Busby Berkeley y “The 42nd Street”, Fred Astaire, Ginger Rogers y “Top Hat”, Gene Kelly y Stanley Donen con “On the Town” y “Singing in the Rain”, Judy Garland o los musicales de Vincente Minelli marcarían diferentes puntos álgidos en el desarrollo de este género. Pero si quisiéramos atribuir un punto de inflexión en el que el género musical adquiere una madurez que va más allá del género al que pertenece la película, sin duda sería,“West Side Story”, que cumpleahora cincuenta años desde su estreno.

Irónicamente, si ya fuera complicado que se dieran todos los factores para que se produjera el rodaje de la película, ninguno de sus principales colaboradores: directores, guionistas y actores, quedaron satisfechos con el resultado final. Lo que no impidió que “West Side Story” se convirtiera en un acontecimiento cinematográfico que continúa celebrándose hoy en día. Precisamente, el próximo nueve de noviembre Turner Classic Movies realizará un pase especial de la película en trescientas salas de los Estados Unidas de una versión restaurada de “West Side Story”.

 

 

De Verona a Nueva York

Nominada a once Oscar de la Academia, “West Side Story” arrasaría llevándose todas las estatuillas a las que optaba, menos una. Precisamente la correspondiente al guión en el que confluían nombres tan reputados y reconocidos como el de Ernest Lehman, que realizara la adaptación a partir del músical de Broadway, y Arthur Laurents, que se encargara de la adaptación previa del material original de William Shakespeare en un musical en el que se intercambiaba Verona por Nueva York y Montescos y Capuletos por irlandeses y portorriqueños en una idea original del coreógrafo Jerome Robbins.

Aunque Lehman recibía en el año 2001 un Oscar honorífico a toda su trayectoria profesional, habría sido nominado en cuatro ocasiones más por filmes tan espléndidos como “Sabrina”, “North by Northwest”, “Who’s Afraid of Virginia Wolf?” o “Hello, Dolly!”, no siendo premiado en ninguna de las ocasiones, aunque el Sindicato de Guionistas se encargara de premiarle por algunos de estos trabajos así como por “The King and I”, “The Sound of Music” o “Family Plot”. Menos suerte correría aún Arthur Laurents, nominado en su breve pero intensa carrera sólo por el guión de “The Turning Point”, por el que sí recibiría el premio del Sindicato de Guionistas, pero fuera además responsable de textos tan espléndidos como los de “Rope”, “Caught”, “Anastasia”, “Bonjour tristesse” o “The Way We Were”.

Si la idea de Jerome Robbins era en un principio platear la adaptación teatral como un chico católico que se enamoraba de una joven judía con el título de East Side Story, Arthur Laurents abandonó la idea por el parecido con una obra de teatro que se había estrenado recientemente. Tras la fuete avalancha de inmigración procedente de Puerto Rico que se venía produciendo desde los años cuarenta, decidieron centrarse más en los problemas de integración racial que en los religiosos, abriendo los oídos a los ritmos latinos.

 

Jazz en el cine

No cabe duda de que uno de los grandes aciertos de “West Side Story” es la magnífica banda sonora compuesta por Leonard Bernstein, quien ya habría dejado constancia de la influencia del jazz en la banda sonora que compusiera para “On the Waterfront”, pero que utilizaba todos los recursos del jazz con influencias de la música latina en su magnífica partitura para “West Side Story”. Una banda sonora que ha alcanzado el cariz de clásica, no ya entre las bandas sonoras, sino también para la música culta para la que se haría una grabación interpretada por José Carreras y Kiri Te Kanawa, y llegando a formar parte de la cultura popular estadounidense.

 

El dilema de la autoría

Si el Oscar al Mejor Director era compartido por primera vez en la historia por dos directores, Jerome Robbins y Robert Wise, mucho se ha discutido sobre cual de ellos podría tener mayor responsabilidad en el éxito de la película. Robert Wisesiempre demostró ser un artesano eficiente, pero el coreógrafo pudo ser el máximo responsable del proyecto. No sólo porque ya fuera él quien hubiera dirigido la obra teatral, sino porque comparando los números musicales de “West Side Story” con los de “The Sound of Music”, que sería dirigida pocos años después por Robert Wise, salta a la vista que el musical protagonizado por Julie Andrews, a pesar de su encanto, es más clásico que moderno.

Si en “West Side Story”, las coreografías forman parte de la acción de la película, en “The Sound of Music” estaríamos más ante el tipo de filme en el que el desarrollo de la trama se detiene por unos momentos para dar pie al momento musical. El propio Robert Wise fue siempre muy discreto sobre el asunto, permitiendo que fuera el coreógrafo el que se llevara todos los honores. Si “West Side Story” sería la única película que Robbins dirigiría, sí volvería a demostrar sus habilidades como coreógrafo en títulos posteriores como Gypsy” y “Fiddler n the Roof”.

 

¿Dónde están ahora?

Aunque gran parte de las secuencias están rodadas en decorados, la primera secuencia de la película se rodó en escenarios naturales de Nueva York. Aunque hoy en día estos ya no existen. Aunque en la ciudad que nunca duerme todavía se puede captar el ambiente si se pasea por Lincoln Center, lugar que ocupaban unos edificios cuya demolición se retrasó hasta que se completara el rodaje de todas las secuencias.

Para disgusto, Natalie Wood y Richard Beymer fueron doblados en todas las canciones. Rita Moreno sería doblada sólo en “A Boy Like That”, cantando ella misma los temas “America” y “Tonight”, aunque se tomaría de mala gana que le maquillaran con la tez más morena para parecer más latina todavía. George Chakiris, que no era portorriqueño, sino natural de Ohio, ya participó en el montaje teatral, en el que no interpretaba a Bernardo, sino a Riff, que aquí estaba interpretado por Russ Tamblyn.

Tan sólo Natalie Wood es la única desaparecida de los cinco protagonistas de “West Side Story”, siendo “Braisntorm”, la última película en la que participara antes de su misteriosa muerte al ahogarse tras caer de un yate en el que estaba con Robert Wagner y Christopher Walken. Precisamente la actriz padecía una curiosa fobia contra el agua que ya le diera muchos problemas en el rodaje de una de las secuencias de “Splendor in the Grass”. Cualquiera diría que se trata de una de esas extrañas coincidencias con las que tanto disfrutaba el agente especial Dale Cooper en “Twin Peaks”.

Y es que, por alusiones, existe una curiosa conexión entre “West Side Story” y el universo de David Lynch pues si Richard Beymer y Russ Tamblyn intepretan a dos de los personajes principales de “Twin Peaks”. Beymer interpretaba a Benajmin Horne, padre de Audrey y dueño del Hotel The Big Northeen y los famosos almacenes Horne en el que las jovencitas despreocupadas que acababan en el departamento de perfumería pasaban después a ingresar las filas del establecimiento conocido como Jack, el tuerto; mientras que Tamblyn era el excéntrico psiquiatra que había intentado comprender la torturada alma de Laura Palmer, ante cuyos encantos también cayera rendido. Posteriormente, Natasha Gregson Wagner, única hija del segundo matrimonio de Natalie Wood con Richard Gregson, interpretaba uno de los personajes principales de “Lost Highway”.

Si la trayectoria de Beymer y Tamblyn ha permanecido ligada a la televisión, podremos ver a este último próximamente en “Drive”. Por lo que respecta a Rita Moreno y George Chakiris, ambos han desarrollado la mayor parte de su carrera en la televisión, siendo quizás más fructífera la de la actriz cuya última intervención fuera en la serie “Happily Divorced”.

 





“Taxi driver” cumple 35 años como icono

16 10 2011

 

 

Scorsese ganó la Palma de Oro en 1976 con un filme que nació humilde

 

Martin Scorsese tenía tan poco presupuesto para realizar “Taxi driver” que barajó la posibilidad de rodarla en vídeo y en blanco y negro. No lo hizo. Y con dos duros (1,5 millones de dólares) dirigió una película llamada a convertirse en icono del cine. Lo sigue siendo hoy, cuando se cumplen 35 años de su estreno. Antes de gritar ¡acción! en medio de las calurosas y peligrosas calles de Nueva York en el verano de 1975, Scorsese era consciente de que estaba engendrando un trabajo por amor al arte más que un éxito comercial. El genio se equivocó. Nunca imaginó que la frase “Are you talking to me?” (¿Me estás hablando a mí?) -improvisada por Robert de Niro en la escena del espejo- pasaría a la historia. Hoy sigue siendo el lema de muchas camisetas.

Cuando “Taxi driver”, que ganó la Palma de Oro en Cannes de 1976, aterrizó en las salas, Scorsese se metió en una de ellas para ver cómo reaccionaba el público. El cineasta neoyorquino no dio crédito cuando escuchó a sus compañeros de butaca animar a Travis Bickle, excombatiente de Vietnam y neurótico taxista obsesionado con limpiar de ‘mierda’ (prostitutas y drogadictos incluidos) las calles de Nueva York. “El público decía: venga, dale, dale”, confiesa el director en el libro “Scorsese por Scorsese”. Él, sin embargo, había tenido otro objetivo. Crear una catarsis de violencia, sí, pero para que la gente la rechazara.

En aquella época, Scorsese y De Niro todavía no eran muy amigos. Habían realizado “Malas calles“. Sin embargo, el actor -en cuya estantería ya lucía un Oscar por “El Padrino II“- renunció a un proyecto más grande para meterse en la piel de Travis Bickle. Lo tuvo claro desde que leyó el guion. De Niro siempre había querido escribir una historia sobre un tipo solitario que daba vueltas por Nueva York armado con un revólver. Así que cuando tuvo en sus manos el guion de “Taxi driver“, escrito febrilmente en diez días por Paul Schrader, no lo dudó.

Scorsese cobró 65.000 dólares. Y Schrader, 30.000. “Lo que de verdad hizo posible la película es que cuando Bobby [Robert de Niro] ganó el Oscar por El Padrino II podía haber pedido varios cientos de miles de dólares, lo cual habría bastado para que les aumentaran el sueldo a Scorsese y a los demás. Pero Bobby aceptó respetar el acuerdo inicial y trabajó por 35.000. Era un santo”, recuerda el productor, Michael Phillips, en “Moteros tranquilos, toros salvajes”, el imprescindible libro manual en el que Peter Biskind disecciona con bisturí la generación que cambió Hollywood (Scorsese, Coppola, Spielberg…)

Dado que De Niro había pensado muchas veces en escribir un guion protagonizado por un chalado parecido a Travis, el actor aportó mucho al personaje. De hecho, una de las secuencias más famosas -cuando el taxista se mira en el espejo repitiendo hasta la saciedad “¿Me estás hablando a mí?”- no estaba escrita en el guion. Fue improvisación pura y dura de De Niro, que se pasó cuatro semanas como taxista nocturno para prepararse el papel. También visitó con frecuencia el zoológico para estudiar el comportamiento de los lobos, el animal más parecido a Travis Bickle.

A pesar de que De Niro aportó mucho al personaje, este fue creado por Paul Schrader en un momento fatídico de su vida. Había dejado a su mujer por su amante cuando esta le abandonó. “Me sentía doblemente cubierto de mierda“, recuerda en “Moteros tranquilos, toros salvajes”. El guionista -hombre de ideas suicidas- se dedicó a conducir borracho hasta que cayó enfermo. Una úlcera le llevó al hospital, donde le asaltó la idea de un hombre furioso, un animal salvaje.

Una vez estrenada “Taxi driver”, ¿qué pasó con Martin Scorsese? “Poco después recuerdo que empecé a coquetar con las drogas mientras hacía New York New York. Para mí fue el comienzo del descenso a un abismo que duró dos años y del que salí con vida por un pelo“, confiesa en el libro de Biskind.

 

 





100 años de “Cantinflas”

12 08 2011

Para Chaplín fue el mejor mimo del mundo

 

Hoy, en el mundo entero, se está recordando a Mario Moreno “Cantinflas”, que si viviera, estaría festejando 100 años de su nacimiento, el gran mimo mexicano que supo conquistar al mundo con sus personajes del pueblo, que lo consagró como el mejor de los comediantes con mensaje en México y el resto de América Latina, incluyendo España y los de habla hispana de la Unión Americana.

Las agencias internacionales como AFP y AP hablan de “Cantinflas” por el mundo, reconociendo, tal y como él lo hizo en vida, que por la manera de “cantinflear”, modismo incluido en la Real Academia de la Lengua Española, “fue difícil traducirlo al inglés“, logró que Hollywood se le rindiera a sus pies con filmes como “La vuelta al mundo en 80 días” (1957) y “Pepe” (1961), está última al lado de Kim Novak, una estrella europea que triunfaba en la meca mundial del cine.

“Cantinflas”, por “La vuelta al mundo en 80 días“, ganó el Globo de Oro a la Mejor actuación de actor en una comedia o musical. En el papel estelar en “Pepe“, trabajó también al lado de Shirley Jones, Dan Dailey, Maurice Chevalier, Sammy Davis Jr. y Bing Crosby. En “La vuelta al mundo en 80 días“, Moreno actuó junto con David Niven y Fernandel.

“El peladito” de Cantinflas, es menos melancólico y más listo que el vagabundo de Chaplin. “El peladito” era muy listo, contrario a Chaplin, por ejemplo, “el peladito” siempre acababa con las chicas más guapas, y por eso, el propio Chaplín lo reconoció como el mejor mimo del mundo, de acuerdo a propias declaraciones.

En 1964, los dos artistas se conocieron y fue Chaplin, el que sorprendió expresando su admiración por Moreno, a quien calificó “como el hombre más cómico del mundo“.

Mario Moreno Reyes “Cantinflas” nació el 12 de agosto de 1911, en el seno de una familia humilde y numerosa. Moreno Reyes no terminó sus estudios y su educación se forjó en las calles del barrio bravo de Tepito, en la capital mexicana, donde desempeñó los más diversos oficios, desde lustrabotas, vendedor y boxeador aficionado, hasta que se inició en el mundo del espectáculo.

Fue en las carpas montadas en las comunas populares, donde fue gestándose “Cantinflas”, nombre que según el escritor mexicano Carlos Monsiváis, es una reducción de la frase “Cuánto inflas”, que le gritó el público cuando se le olvidó su diálogo en escena.

En esas carpas, también cantaba tangos a la usanza de Carlos Gardel, bailaba charlestón y hacía parodias políticas. Allí conoció a Valentina Ivanova, el gran amor de su vida, con quien se casó en 1934 y adoptó un hijo en 1961.

La primera incursión cinematográfica de “Cantinflas” fue en 1936, en “No me engañes corazón“, donde aparecía brevemente. Pero esos segundos fueron suficientes para que un año más tarde, se le ofrecieran personajes secundarios en “Así es mi tierra” y en “Águila o sol“, para consolidarse en “Ahí está el detalle” (1940), filme con el que saltó a la fama.

Su éxito fue tal que en los siguientes 12 años, realizó una serie de 20 películas. Títulos como “Ni sangre, ni arena“, “El gendarme desconocido“, “A volar joven“, “El bombero atómico” o “El bolero de Raquel” lo hicieron célebre dentro y fuera de nuestras fronteras.





Marilyn, 85 años de mito

1 06 2011

 

Casi medio siglo después de su misteriosa y trágica muerte, sobre la que se sigue especulando, el icono sexual por excelencia sigue vivo… y vigente

 

 

Todo lo que hace es diferente de cualquier otra mujer, extraño y excitante, desde la forma de hablar hasta la manera de utilizar su magnífico rostro“. Clark Gable no ocultó su admiración cuando fue preguntado por la rubia más célebre de todos los tiempos. No fue el único: todo aquel que la conoció se deshizo en elogios hacia ella, más allá de su rostro angelical, sus sensuales labios y sus proporciones pluscuamperfectas. Más allá incluso de su indudable talento interpretativo y su demostrada inteligencia, y a pesar de sus devaneos con el alcohol y las drogas y sus vaivenes en el terreno personal.

Marilyn Monroe, la actriz que aunaba en sus escasos 1,61 metrosde estatura las cualidades de la mujer diez, cumpliría este miércoles 85 años si la muerte no se la hubiera llevado el 5 de agosto de 1962, un acontecimiento trágico en el que, quizá, recae parte de un mito que sigue tan vivo como entonces. Un icono irrepetible que, hoy en día, sigue generando 8 millones de dólares anuales.

Norma Jean Baker encarnó en su deseada piel el sueño americano: el ascenso al Olimpo de Hollywood de una joven de clase humilde con una madre con graves problemas emocionales. Una mujer hecha a sí misma pese a los traumas de una niñez y una adolescencia rotas en las que sufrió abusos sexuales a manos de algunos de sus familiares de adopción. “Cuando me miro al espejo por la mañana no veo a la mujer que todos desean, sino a una niña que se durmió sin que le dieran el beso de buenas noches“, escribiría años después.

Norma se interesó por el mundo del cine gracias a la mejor amiga de su madre, Grace, que se hizo cargo de su custodia. Pero dedicarse a ello era solo un sueño. Trabajó en una fábrica de municiones, donde fue fotografiada por un periodista que retrataba la contribución de las mujeres americanas a la II GuerraMundial. Fue su debut como modelo, un terreno en el que no tardó en abrirse paso antes de dar el salto a la interpretación, primero como extra y finalmente con un pequeño papel en el musical The Shocking Miss Pilgrim, en el que interpretó a una telefonista.

Rebautizada como Marilyn Monroe por uno de los primeros directores que le dieron trabajo, halló su trampolín definitivo gracias a la revista Playboy, cuyo primer número llevó a portada sus sinuosas curvas. Llegaron los años cincuenta y, con ellos, sus papeles como fémina despampanante en cintas como “Los caballeros las prefieren rubias” o “La tentación vive arriba”, antes de mudarse a Nueva York en la segunda mitad de la década y confirmar su talento como actriz en filmes imprescindibles como “Bus Stop” o “Con faldas y a lo loco”.

Marilyn, como otras tantas estrellas, tuvo una difícil relación con la fama y el frívolo mundo del celuloide. “Hollywood es un lugar donde te pagan 100 dólares por un beso y 50 centavos por tu alma“, reconoció amargamente. Adicta al alcohol y los barbitúricos, su vida personal se fue apagando mientras su estrella continuaba luciendo radiante.

Cuesta imaginar cómo sería Marilyn hoy. Buena parte de su leyenda reside en la posibilidad de contemplarla siempre joven, siempre hermosa. Siempre Marilyn.

La muerte de Marilyn sigue haciendo correr ríos de tinta. La versión oficial asegura que falleció víctima de una sobredosis de barbitúricos. Sin embargo, muchos apuntan en otra dirección. El sargento de la policía Jack Clemmons encontró en su apartamento numerosos indicios de asesinato. Fue apartado del caso. Su tormentosa relación con el presidente John F. Kennedy y su hermano Robert hace pensar que conocía importantes secretos de estado. La propia Marilyn escribió: “Sé que este hijo que espero va a cambiar el curso de la política y siento miedo, mucho miedo, no por él, sino por mí“.

 

 





29 05 2011

 

40 años dando mal rollo

 

Tras su estreno en 1971, “La naranja mecánica” se alzó como un icono pop y político pocas veces equiparado después. La edición aniversario restaurada que se edita ahora prueba que su influjo está más vivo que nunca. Su protagonista, Malcolm McDowell, nos cuenta por qué.

Un rostro desafiante mirando a cámara, unas pestañas postizas acentuando un solo ojo y un bombín negro. Ese es Malcolm McDowell y lo será siempre. Porque da igual que este año se cumpla el 40º aniversario de su ópera magna, “La naranja mecánica”; solo el genio de Stanley Kubrick supo encontrar en este actor británico ahora arrugado, aunque igual de arrogante, el talento maligno que marcó a todas las generaciones por venir. Kylie Minogue copió su estilo (para su Fever Tour de 2002), como antes o después lo han hecho David Bowie, Led Zeppelin, Bart Simpson, Blur, Usher, Lady Gaga o Madonna, por citar unos pocos iconos de la cultura pop. Y a McDowell lo dejaron seco a juzgar por una carrera con más tumbos y malos de cliché que trabajos de alcurnia.

Pero ¿cómo superar el peso de una obra maestra tan influyente? Las generaciones venideras se apropiaron del look transgresor del filme, pero domesticaron su contenido. A la hora de la verdad, solo la bravuconería de McDowell y el ojo de Kubrick fueron capaces de hacer de “La naranja mecánica” ese clásico que el propio director retiró de cartelera en Inglaterra, su país de residencia, por miedo a las represalias por su excesiva violencia. Su protagonista ahora disfruta de su merecida vuelta al ruedo con su nueva edición restaurada que fue estrenada en Cannes, y llega también en Blu-ray para que sigamos ante el televisor con los párpados despegados. Cuatro décadas más tarde, el círculo se ha cerrado.

 

¿Le gustan los cumpleaños?

Malcolm McDowell. A veces, pero este es de los gordos. ¡Cuarenta tacos! Espero seguir por aquí cuando lleguemos a los 50. A estas alturas, vivo la película como ese miembro de la familia al que solo ves en estas grandes celebraciones.

 

¿Y qué siente al volverla a ver?

Algo muy diferente a lo que sentí durante el rodaje. Sabía que hacíamos algo bueno, pero nunca me imaginé que marcaría un hito. La novela de Anthony Burgess era genial, una obra maestra, pero Kubrick fue quien hizo de ella una película increíble. El libro era tan denso que se necesitaba una mente como la de Stan para diseccionarlo y contarte de qué va.

 

¿Y de qué va “La naranja mecánica”?

Yo siempre la vi como una comedia negra, tan maravillosa como hilarante. Pero cuando se estrenó, me sorprendió y me tocó las narices que nadie le pillara la sátira. Solo ahora el público es capaz de reírse con la cinta. Hicimos algo revolucionario que ha sido copiado hasta el infinito. Desde David Bowie hasta Madonna, no falta quien se ponga el bombín y la cojonera y emule sus imágenes.

 

¿No cree que en esos homenajes nos venden una versión domesticada?

Las cosas son como son. Si nos copian toda la imaginería futurista de la película glorificando estas imágenes y vaciándolas de su contenido, qué le vamos a hacer. El mensaje está ahí. La naranja mecánica es un filme controvertido políticamente hablando y adelantado para su época. Todo lo que dice sobre las pandillas, las drogas y la violencia se ha hecho realidad. En la película, en cuanto llega la noche, todos están metidos en sus casas viendo la televisión. Sal una noche cualquiera en EE UU a la hora de American idol y dime qué ves. ¡No hay ni un alma en las calles!

 ¿Cuánto de este mensaje estaba en la mente de Kubrick y cuánto en esa década prodigiosa que fueron los setenta?

Supuestamente, la idea del tratamiento Ludovico nace de los experimentos en las prisiones californianas en los cincuenta y los sesenta. Claro que en Inglaterra siempre que veíamos algo raro decíamos que venía de California.

 

Pero Kubrick, ¿cómo era?

En otras cosas era muy meticuloso, pero no era un director demasiado bueno dando explicaciones. Si le preguntaba algo, decía: “Malcolm, ¡yo no soy la escuela de arte dramático!”, a lo que yo le respondía guión en mano: “¿Ves lo que pone aquí? ‘Director, S. Kubrick”.

 

En el Blu-ray se explaya recordando las rarezas de Kubrick.

Y eso que rodó La naranja mecánica antes de caer en la locura del número inacabable de tomas. Fue en Barry Lyndon cuando perdió el tornillo. Uno de los electricistas me dijo que Stanley estaba intentando matarme. Y creo que iba en serio. Stanley pensaba que los actores estaban ahí para trabajar y no para quejarse.

 

Y después de “La naranja mecánica” vino… ¿la nada?

No habría podido interpretar este papel en otro momento de mi vida, pero superé rápido las trampas que acompañaron a su éxito. A Stanley nunca le interesó el ser humano. Era brillante en sus sátiras y un genio de la innovación. Pero como persona, en mi inocencia de primerizo, pensé que mantendría con él una relación como la que me unió para siempre con el director Lindsay Anderson. No fue así. Acabada La naranja mecánica, no sé si llegó a media docena el número de veces que nos volvimos a ver.

 

El libro que a nadie gustó

 

El origen de la película es una polémica novela firmada por el autor británico Anthony Burgess.

EL AUTOR

John Anthony Burgess Wilson nació en 1917 cerca de Manchester. Publicó su primera novela, Time for a tiger, con 39 años. En 1960, cuando era profesor del British Colonial Service en Malasia, le diagnosticaron de forma errónea un tumor cerebral y los médicos le dieron un año de vida. Es entonces cuando empieza a escribir profesionalmente. Acuciado por la pronosticada falta de tiempo, escribe ocho novelas en dos años, un ritmo que ya no abandonaría hasta su muerte en 1993 de cáncer de pulmón. A clockwork orange se edita en 1962.

 

ULTRAVIOLENCIA

En algunas biografías se dice que la violenta banda de Alex y sus Drugos fue inspirada por la violación que sufrió su primera mujer durante un bombardeo nazi en la Segunda Guerra Mundial a manos de cuatro soldados estadounidenses acantonados en Londres. En su autobiografía remite a la impresión que le causaron las primeras bandas de teddy boys, rockers británicos vestidos con trajes que él describe como eduardianos, y a las peleas de estos con los mods en 1960. “Esos jóvenes parecían amar la violencia en sí misma”, escribe tras presenciar una trifulca.

 

NADSAT

Decide ambientar el libro en un futuro cercano, alrededor de 1970. El narrador es Alex, un joven gamberro que debe hablar su propio argot. Durante unas vacaciones en un crucero ruso, descubre que las palabras en ese idioma encajan mejor con las construcciones inglesas que las francesas o alemanas, y así surge el nadsat (sufijo ruso para adolescente), la jerga de Alex. El nadsat lo componen alrededor de 200 términos cuya traducción se incluye en un glosario al final de la novela. Algo a lo que se negó, pero que asegura que fue una imposición del editor.

 

LA PELÍCULA

Burgess le preocupaba que la visión de su libro por Kubrick fuera fallida como, a su parecer, lo había sido la de Lolita, de Nabokov. En 1971 acude a un pase privado en Londres con su segunda mujer y su agente. Tras 10 minutos de proyección, tiene que convencerlas para que no se vayan, asustadas por la violencia. Pero la sorpresa llega al ver que el final de la película corresponde a la versión estadounidense del libro, a la que se le había suprimido un capítulo contra la voluntad del autor, lo que cambiaba el mensaje por completo. Supuso que le causaría problemas. Así fue.

Publicado en EL PAÍS