Rodrigo Cortés: “Creemos lo que nos es más conveniente”

3 03 2012

 

 

¿Creer o no creer? Es la pregunta que plantea Rodrigo Cortés en su nueva película “Luces Rojas”, que llega a los cines este fin de semana y muestra el enfrentamiento entre la ciencia y los fenómenos paranormales.

Creemos lo que queremos creer, lo que nos es más conveniente creer, en general porque nos permite no cambiar. Partiendo de las conclusiones, establecemos después una teoría que las refrende“, afirma el director gallego de 38 años, que “se declaró un escéptico que duda de todo”.

La tercera película de Cortés, producida también por él y en la que además ha escrito el guión y ha hecho el montaje, supone toda una progresión después de “Buried (Enterrado)”, el inesperado éxito que hace dos años le permitió dar el salto a la fama con la simple historia de un hombre encerrado en un ataúd.

En este nuevo proyecto ha logrado fichar a dos megaestrellas de Hollywood, Robert de Niro y Sigourney Weaver, a los que se suma el irlandés Cillian Murphy, para un proyecto que sigue siendo español pero que nuevamente ha rodado en inglés.

De Niro interpreta a un famoso psíquico que reaparece después de 30 años retirado, mientras que Weaver y Murphy son dos investigadores de fraudes paranormales que tratan de demostrar el engaño de muchos de estos fenómenos.

A lo largo de un año de investigación analizando los dos lados, descubrí que se portaban de una forma muy similar, muy supersticiosa, son guerras de creencias, no de la razón contra la creencia“, aseguró Cortés.

Asumen estrictamente aquello que confirma sus posiciones previas y descartan cualquier cosa que las discuta, sin profundizarlas ni analizarlas“, agregó.

Cortés dijo no creer en lo sobrenatural, pero admitió que hay una serie de fenómenos que no tienen una explicación inmediata, aunque matizó que es “de momento“. “El 99 por ciento de los casos que me he encontrado, o bien tenían un origen natural, o bien respondían a una percepción subjetiva de la realidad o bien eran fraudes. Pero hay un uno por ciento que se resiste a ser explicado“, apuntó.

No creo que pueda haber nada más allá de los márgenes de las leyes naturales (…) la adquisición de nuevas herramientas va haciendo que lo inexplicable sea explicable“.

Cillian Murphy, que acompañó al director durante su promoción en España, también dijo ser “un escéptico aburridamente racional“. “No creo en nada de eso, pero me fascina la necesidad que tiene la gente de creer en esas cosas“, declaró el actor irlandés de 35 años.

La mente puede bloquear la parte racional cuando se ve nublada por la emoción y la necesidad, y la gente se aprovecha de esas vulnerabilidades“.

Murphy, conocido por personajes como el Espantapájaros en “Batman Begins” o como protagonista de la épica irlandesa “El viento que agita la cebada”, calificó a Cortés de “brillante” y “dotado” y afirmó que quería el papel “desesperadamente”, puesto que además De Niro y Weaver son dos de sus ídolos y el rodaje era en Barcelona.

Entre los futuros proyectos de Murphy se encuentra un largometraje sobre Salvador Dalí en el que Al Pacino interpretaría al genial pintor surrealista y que “depende de Al Pacino, cuando él quiera hacerlo“.

Al preguntársele a Cortés cuáles son sus próximos planes, respondió con una sola palabra: “Dormir“. Y es que después de dos años y medio sin parar, aseguró estar “exhausto física y emocionalmente“, pero dijo que si encuentra una historia apropiada, rodará en España.

Via: Europapress

 





Alexander Payne: “Las estrellas no me interesan, pero George Clooney es diferente”

21 01 2012

 

Siete años depués de “Entre copas“, el cineasta Alexander Payne dirige “Los descendientes“, una tragicomedia que se sitúa entre las favoritas para los próximos premios Oscar

 

 

¿Quién dice que la normalidad no es cinematográfica? El único problema, como con todo, es saber desde dónde mirarla. Alexander Payne (Omaha, Nebraska, 1961) tiene una respuesta sencilla: para hablar de lo que sin discusión nos ocurre a todos (nacer, crecer, morir), mejor intentar mirar de frente. Por eso Los descendientes, su última película, cuenta el contradictorio peregrinaje de un hombre (George Clooney) que se enfrenta a la dura tarea de ordenar su vida y la de sus dos hijas en las horas agonizantes de su adúltera mujer, en coma después de un accidente. Y todo esto lo hace sin dramatismo (pese a que el filme se llevara en los Globos de Oro los galardones a mejor película dramática y mejor actor dramático) y tampoco con cinismo. Los descendientes —a estas alturas, una de las favoritas para los próximos Oscar— transcurre a ras de suelo y ahí, a la altura de los humanos, el drama y la comedia van de la mano.

“Quiero que mis películas tengan la piel de la realidad”, afirma el director en una entrevista telefónica desde un hotel de Berlín. Por desgracia, para la gira promocional de Los descendientes Payne no recaló en Madrid, algo que él lamenta sin que suene a uno de esos forzados cumplidos. “Hace ya siglos fui estudiante en Salamanca”, puntualiza con esa coquetería del que se sabe interesante. El director de Election (1999), About Schmidt (2002) y Entre copas (2004) evoca algunos rincones de la ciudad castellana para luego decir que, cómo no, Buñuel ha sido de enorme influencia en su estilo cinematográfico. Un estilo cuya fuerte madurez y personalidad chocan con el ya habitual infantilismo del nuevo Hollywood. Después de siete años sin rodar, Los descendientes era la historia que él esperaba: “Necesitaba hacer una película, estaba desesperado, y pensé que esta era una historia lo suficientemente decente. Tenía un buen argumento y una buena base emocional. Me gustó la historia de ese hombre cuya mujer entra en coma y que se tiene que hacer cargo de esas dos hijas tan horribles. Y luego, claro, estaba Hawai, con su aristocracia decadente, su pasado, con su curioso tejido social. Pensé, en definitiva, que ahí había una película que no había visto nunca”.

Basada en la novela de Kaui Hart Hemmings, Los descendientes era para Payne “un pasaporte” para conocer lugares que no había visto antes. Y Hawai, personaje fundamental para lograr el tono único de este filme, es quizá la clave de todo. Nunca las famosas camisas hawaianas resultaron tan poco floridas y nunca las playas más bonitas fueron un paisaje tan triste. Payne retrata las islas y su singular tejido social como si las hubiese habitado desde siempre. Y con ellas, la muerte (otro de los asuntos del filme) abordada sin los tabúes de siempre. Aquí, contemplamos el lento fin de un cuerpo vivo como vemos secarse las flores de un jarrón. Quizá suena aterrador, pero en manos de un cineasta tan inteligente resulta todo lo contrario. “Ella es una persona, y una persona que se muere. Eso no podía olvidarlo. Creo que la compasión de un director hacia sus personajes se mide por su capacidad para mirar de frente la realidad. Y yo quería ver cómo se moría. Su marido y sus hijas hablan con ella y ella se merece estar ahí, junto a ellos. Lo que hubiera sido sádico es convertirla en un muñeco”.

Y en el centro de todo, Clooney, en el que para muchos es el mejor trabajo de toda su carrera. Un hombre que sufre esas cosas que sufren los hombres de verdad: cuernos, divorcios, barriga, hijas egoístas con novios idiotas… “En general, las estrellas no me parecen interesantes, pero Clooney es diferente”, afirma Payne. “Tiene algo de una vieja estrella de Hollywood pero con un toque a lo Mastroianni. Y es gracioso, se ríe mucho. Me gustan los actores de comedia, aunque sea para un drama. Tienen la capacidad de hacer ligeras las historias más terribles. Clooney quería estar en Entre copas pero yo no quise entonces porque no encajaba con ningún personaje. Cuando decidí hacer esta película pensé que su aire de moreno irlandés le daba el aspecto de heredero de una noble estirpe de hawaianos”.

Payne explica que quizá el secreto de todo su cine es que le interesa la gente. “No dejo de mirarla nunca. Ahora mismo, mientras hablo, estoy observando a la gente que veo desde esta ventana. Nada hay más interesante que un ser humano”. Y quizá también por eso nunca se ha instalado en Hollywood y permanece en su Omaha natal, esa rica ciudad del medio oeste americano en la que sin duda el tiempo discurre de otra manera. “En Los Ángeles tengo una vida agradable pero la gente se parece demasiado a la gente de mi trabajo. En Omaha, sin embargo, conozco a gente de todas las edades y de todas las profesiones. Si voy a un funeral, sé que me encontraré con viejos amigos. En un lugar así es mucho más fácil entender la vida”.

Publicado en EL PAÍS

 





Josh Hartnett: “Lucho para que se me valore por mi talento, no por mi fisico”

20 01 2012
 
 
 
Josh Hartnett  es un chico de Minnesota sereno y callado que destronó a Di Caprio en el corazón de las adolescentes con ‘Pearl Harbour’, ‘Forty days forty nights’ o ‘La dalia negra’. Seductor y mujeriego, su lista de ex va de Giselle Bündchen a Penélope Cruz pasando por Scarlett Johansson y Rihanna. Desde el pedestal de hombre atractivo que tanto le incomoda, Harnett regresa a la gran pantalla con ‘Bunraku’. Una historia de artes marciales ambientada en una era posnuclear, tras una arrasadora guerra mundial. La civilización se reduce a una encarnizada lucha por la supervivencia con elementos básicos. Nueve asesinos lucharán por subir en el ‘ranking’ para conseguir ser los más peligrosos y un vagabundo, Josh Harnett, y un guerrero samurái, el ídolo japonés Gackt, se unirán para acabar con ellos.
 
 
-¿La ambientación influyó en el personaje y en el tono de la película?
 
-Sí, definitivamente. Cuando el director Guy Moshe me mostró sus bocetos quedé maravillado. Las escenas de acción son sensacionales. ‘Bunraku’ es un filme muy visual y al tiempo muy artístico. Es como Guy quería que fuera, sin ataduras del estudio.
 
-Es un híbrido de varios géneros, del western a las artes marciales y la ciencia ficción. ¿Fue divertido rodarla?
 
-Las películas evolucionan y las más interesantes, para mí, son la de Kurosawa y Sergio Leone. ‘Bunraku’ tiene un poco de ambos. Me recuerda a ‘El Samurái’, pero lo que me sorprendió fue como Guy se enfrentó sin miedo a un género muy difícil. Fue capaz de crear un mundo distinto, una película poderosa. No se deja llevar por los arquetipos.
 
-¿Qué hizo para meterse en la piel del personaje? ¿Es el típico hombre sin nombre?
 
-Hay ciertos aspectos del personaje que no estaban en el guión. Investigué el arquetipo y decidí interpretarlo con ciertas debilidades: que su actitud fuera su armadura. Decidimos que fuera un hombre con miedo a las alturas. Creé la personalidad de un tipo que no es lo que parece.
 
-Se sumó al proyecto antes que Woody Harrelson y Demi Moore. ¿Tuvo la sensación de estar unido a una gran película?
 
-Sí, pero sobre todo por el director. Todos respondimos a la energía de Guy. Siempre quise trabajar con Woody. Crecí viendo sus películas, y me parece uno de los actores mas entretenidos que hay. A Demi la conocía de antes, y durante el rodaje tuvimos tiempo de hablar y ponernos al día sobre lo que ocurre en nuestras vidas.
 
-Durante mucho tiempo deploró que Hollywood valorara más su físico que su talento. ¿Ha hecho las paces con la industria del cine?
 
-Poco a poco he aceptado el papel que juego en la industria. Soy más realista. No se puede operar constantemente fuera de la realidad. No te lleva a ningún sitio. Si la gente admira el físico y es lo que la audiencia quiere ver, habrá que interpretar alguna que otra película romántica. Pero sigo luchando para que me consideren por mi talento y no solo por el físico.
 
-¿Por qué le resulta tan difícil aceptar su atractivo físico?
 
-No se trata de eso. Soy actor y no quiero que me consideren solo por el físico. Puede llamar la atención a muchas personas pero no necesariamente crear una imagen interesante de mí.
 
-¿Ser adulto es un estado deseable?
 
-No creo que sea ningún estado deseable. Ser adulto es tomar cada decisión con más calma, ser responsable. Cuando pienso en un adulto lo veo como alguien que cuida niños y eso nos hace sacar nuestro lado adulto, pero también nuestro lado infantil. Y mientras el lado adulto nos salva de caer en los errores de los niños, el lado infantil nos salva de no tomarnos la vida tan en serio.
 
-Parece muy serio.
 
-No lo creo. No trato de ser demasiado serio, pero sí me tomo las cosas en serio. No sé si eso tiene sentido pero en mi vida, cuando hablo de ciertas cosas, soy muy serio. Cuando estoy con mi familia no soy tan serio.
 
-¿Cómo describiría este momento de su vida?
 
-Aprecio cada instante. Hago lo que me gusta, tengo una libertad que no dan otros trabajos y la oportunidad de viajar donde quiera. Además me pagan muy bien.
 
-Ha dicho que las mujeres son un misterio para los hombres, que no consigue entenderlas. ¿Trató de descubrir ese misterio con sus novias famosas y no famosas?
 
-Parte del misterio es no saber cómo comunicarte con ellas. Con los chicos es muy fácil, y si alguien es capaz de entender a ambos haría muy bien en escribir un libro. No sé qué tendría en la cabeza en el momento en que dije eso.
 
-¿Es cierto que trabajaba en una tienda de vídeos?
 
-Sí, y veía al menos dos películas por día.
 
-Después de ver tantas, ¿que necesita una buena película para ser brillante?
 
-Un director apasionado.
 
-¿Ha estado en alguna película brillante?
 
-’Black Hawk derribado’. Pero veremos con el tiempo si alguna se considera brillante. Debería ser otro quien respondiese esa pregunta.
 
Entrevista publicada en Las Provincias
 
 




Antonio Banderas: “Soy el eterno nominado”

15 01 2012

 

 

Antonio Banderas se acerca al Goya por cuarta vez gracias a su reencuentro con Pedro Almodóvar en “La piel que habito“. Pero igual que le ha pasado con los Globos de Oro, los Emmy o los Tony, hasta ahora nunca se ha hecho con el galardón. “Soy el eterno nominado, pero no tengo ninguna espina clavada“, asegura.

El que me hayan situado en muchísimas ocasiones en la crema de los trabajos de un año, para mí ya es una satisfacción muy grande. No me debe nadie nada“, prosigue el actor malagueño desde Los Ángeles.

Antonio Banderas optó por primera vez al Goya en 1986 “Matador“, luego en 1991 con “Átame” y en 1997 con “Two Much“. “Durante muchos años no he trabajado demasiado en el cine español“, dice para justificar su ausencia en los premios del cine español desde hace catorce años.

¿Será este año en el que Banderas se convertirá en profeta en su tierra? José Coronado, con “No habrá paz para los malvados“, Daniel Brühl, por “Eva“, y Luis Tosar, por “Mientras duermes“, se encargarán de aguarle la fiesta. “No creo en la competición en el mundo del arte, donde todo es en realidad subjetivo. Así que no tengo miedo a mis rivales, sino mucho respeto“, asegura.

Tengo mucha satisfacción por estar entre lo mejor que ha pasado este año en el cine español. Y ha sido increíble, después de tantos años sin trabajar con Pedro, cómo ha descubierto en mí una forma de interpretar distinta, la parte más económica“, asegura.

El bombón que le ofreció Almodóvar se llama doctor Robert Ledgard y es el vulnerable psicópata cuya frialdad quirúrgica es desmantelada por su víctima, Elena Anaya. Y “La piel que habito” opta a un total de 16 premios, lo que posiciona al filme como favorito a esta 26 edición de los premios del cine español.

El personaje ha calado. Ha sido una lección de que he recibido de Almodóvar después de 22 años. Él siempre me mete en un mundo de reflexión“, asegura.

Siempre simpático y siempre satisfecho, reitera que no le importa que su vitrina no esté llena de premios prestigiosos -rozó el Globo de Oro con “Evita“, “La máscara del zorro” y la serie “Pancho Villa” y el Tony con “Nine“- porque, simplemente, nunca pensó siquiera llegar tan lejos ni en Madrid ni en Hollywood.

Me retrotraigo a los inicios de mi carrera y me doy cuenta de que mis aspiraciones no eran tan grandes como después la vida me ha dado. Siempre viajo con una maleta llena de agradecimientos“, concluye.

Con los nuevos títulos de Steven Soderberg y Jean Jacques Annaud, con un nuevo proyecto como director llamado “Solo” y produciendo una serie de televisión protagonizada por su mujer, Melanie Griffith, Banderas quiere seguir teniendo la libertad para no hacer nada que no le apetezca. “La palabra más importante que he aprendido en Hollywood es ‘no‘”, concluye.

 





Fincher: “La violencia en una película no debe ser algo superficial”

14 01 2012

 

 

Convertido ya por méritos propios en uno de los cineastas más relevantes de la actualidad, David Fincher afronta un nuevo reto con la re-adaptación de “Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres”, nuevo salto a la gran pantalla del demoledor éxito editorial de Stieg Larsson.

Hablándo con él tenemos la imagen de un tipo bastante normal, en absoluto el de un indagador de los caminos de la violencia y la perversión que centran la temática y el furor visual de sus películas más conocidas. Lo cierto es que mantiene una actitud de cara a su trabajo que le permite afrontar casi cualquier reto que se proponga.

Has respetado mucho la esencia europea del libro.

Nunca me planteé americanizarla de ningún modo. La dinámica sexual de la historia es muy distinta a lo que hay en Estados Unidos, es algo muy sueco. Las relaciones entre mujeres y hombres son totalmente distintas, la actitud de ellas es absolutamente impensable en América.

Tu cine orbita mucho en torno a la violencia. ¿Dónde pones el límite para lo que llegas a mostrar?

Me gusta enseñar lo menos posible. Cuando trato alguna secuencia violenta intento que no sea superficial, que no te deje indiferente. No mostrar un acto de violencia en sí, sin más. El mejor halago que he recibido en esta película es cuando le puse una de las secuencias más crudas a Amy Pascal, la productora, y me dijo que no había visto nada que la hubiese ofendido, pero que estaba afectada. La idea es ir al grano lo más rápido posible, y lograr mostrar el impacto de las escenas violentas en la totalidad del conjunto de la película.

La labor de Trent Reznor y Atticus Ross es muy importante en la película. ¿Cómo trabajas con ellos?

De un modo distinto a como lo hago con otros compositores. Lo habitual es que trabajen con la película ya hecha, pero Trent y Atticus han empezado a trabajar a partir del guion mismo. En “La red social” no lo hicimos así, fue un poco más estándar. A veces estaba rodando y venían con la música para esa misma escena que estaba filmando…

En los títulos de crédito iniciales se intuyen imágenes que parecen información subliminal.

No estoy muy seguro de que aún hoy existan las imágenes subliminales; de hecho, no entiendo muy bien el concepto. Parece que hay como una especie de respuesta pavloviana a los tráilers de las películas, pero es que hoy en día todos recibimos la información mucho más rápido y por tanto reaccionamos mucho más rápido.

Hablando de los créditos, están muy trabajados, parecen un cortometraje o un vídeo musical.

Tenía dos minutos y medio de música y una idea. Tenía que haber oscuridad, un ahogamiento, motos, fuego, tecnología, camisas de fuerza… Fui a ver un amigo que tiene una compañía de animación y le expliqué lo que quería, una especie de reflejo de las pesadillas de Lisbeth. Escogí 25 elementos, le dije que teníamos medio millón de dólares y ocho semanas. Y esto es lo que hizo.

¿Cuándo te diste cuenta de que Rooney Mara era Lisbeth Salander?

Lisbeth es muy, muy tímida, y evita el contacto personal con casi cualquiera. Rooney comparte eso con ella hasta cierto punto; y también es muy reflexiva, piensa mucho, pero no por tener dudas, sino porque lo evalúa todo mucho. Tienen puntos en común. Cuando le dimos el papel, se fue a Estocolmo cinco semanas y desapareció en la ciudad. Alquiló un apartamento, se metió en clases de kick boxing. Le dije que tenía que andar como un chaval de catorce años, y se puso a hace skate para caminar así, como pareciendo que va a caer y nunca cae. Apuntaló su acento… cuando llegamos a Suecia, se había convertido en ella. Era Lisbeth Salander.

¿Tienes la trilogía ya en la cabeza?

No, pienso en cada proyecto de uno en uno, no me anticipo a nada. Voy donde están los guiones, donde están los buenos materiales. Eso es lo que me interesa.