23 10 2011

 

 

Sesión sangrienta”

 Jason Zinoman

(Ed. T&B)

 

 

 

¿Qué pasó para que en poco más de una década el terror saltara de películas de segunda categoría con actores como los decadentes Vincent Price o Boris Karloff a que los grandes estudios estuvieran produciendo filmes con casquería varia y asesinos en serie como protagonistas? Pues que eclosionó el Nuevo Terror, con cabezas visibles como John Carpenter, Wes Craven, Tobe Hooper o un infravalorado Dan O’Bannon. Que gente como George Romero o Dario Argento coincidieran en sus películas de bajo presupuesto y que artistas como Roman Polanski o William Friedkin llegaran a Hollywood. Que se relajaran las calificaciones otorgadas a las películas. Y que Estados Unidos viviera diversos y brutales hechos políticos (muerte de Luther King, guerra de Vietnam, el Watergate) y confusos tiempos sociales. A ese Nuevo Terror, que acabó devorado por su éxito a inicios de los ochenta, Jason Zinoman, crítico teatral en The New York Times y amante de pasar miedo en el cine, le ha dedicado un libro, “Sesión sangrienta”, que fue un fenómeno en EE UU y que a finales de este mes T&B publica en España.

Zinoman usa el esquema que tan hábilmente manejó Peter Biskind en “Moteros tranquilos, toros salvajes”. Ha hablado con los protagonistas, recreado sus charlas, encuentros y rupturas (aunque no sea tan cotilla como Biskind), ha buceado en las hemerotecas y ha logrado un libro muy ameno.

Ese Nuevo Terror, a pesar de nombres ilustres como los ya mencionados Craven, Hooper, Romero o Carpenter, no nace de esfuerzos artísticos de individuos aislados, sino de la colaboración de innumerables técnicos y actores, que en muchos casos intercambiaban sus roles. Con el tiempo, los más listos se agarraron a la noción europea de auteur para prosperar en la industria cinematográfica, pero, por ejemplo La noche de los muertos vivientes es un rodaje en comuna en el que acaba poniéndose detrás de la cámara Romero, aunque tengan igual importancia los actores, técnicos y guionistas, todos amigos con ganas de hacer una película.

Más aún, casi ninguno volverá a tener la misma repercusión en las siguientes décadas, excepto Craven, adelantado a su tiempo. Muchos de ellos tampoco son grandes amantes de la casquería, y menos aún del torture porn, imperante en la actualidad con sagas como “Saw”: al final del libro Craven cuenta cómo en un pase en un festival en España se sale en la secuencia del rebanamiento de oreja de “Reservoir Dogs”, asqueado porque ese acto se realice con esa música, y a su lado un tipo exclama en alto: “No me lo puedo creer, he asustado a Wes Craven“. Era Quentin Tarantino. Y el libro no lo dice, pero ese certamen fue el de Sitges.

El mal existe y no podemos hacer nada. Cultiva el terror al propio terror, el terror a que el terror te conduzca a la locura“, defiende Zinoman. Asustarse tiene algo de irresistible, ese placer que tienen los niños de regocijarse en sus pesadillas, y que quieren volver a experimentar los espectadores en las salas.

A lo largo de “Sesión sangrienta” vemos cómo Polanski deja a esa generación con la boca abierta con “La semilla del diablo” en 1968. O cómo el rodaje de “La matanza de Texas”, de Tobe Hooper, en pleno y tórrido agosto, tuvo mucho que ver con la atmósfera pestilente de la película; cómo los italianos Mario Bava y Dario Argento eran primos hermanos de ese Nuevo Terror; cómo sin querer “La noche de los muertos vivientes” esparce un mensaje social al tener un protagonista negro. Y finalmente, cómo toda esa espontaneidad nacida de la inocencia y esa libertad son deglutidas con su triunfo en taquilla y Hollywood exprime el género. Se habla de “El exorcista”, de Kubrick, de “Tiburón”, de las influencias de dramaturgos como Albee y Pinter o de H. P. Lovecraft, de cómo el FBI se apoyó en ellos para expandir el concepto del asesino en serie…

Hoy, como dice el autor, “al público no le importan las víctimas y por ello al director le resulta más difícil manipular las reacciones de los espectadores“. De ahí los caminos nuevos del miedo basados en películas encontradas (“El proyecto de la bruja de Blair”) o el tirón del cine asiático. “El gran reto del terror es: ¿cómo asustar a los adultos para que vuelvan a sentirse niños“.

 





28 08 2011

 

 

Bogart”

Stefan Kanfer

(Ed. Lumen)

 

 

Más de medio siglo después de su muerte, cuando sólo tenía 57 años, Humphrey Bogart sigue muy vivo. Pocas estrellas del Hollywood de oro conservan la vigencia del hombre que llegó tarde a la gloria, tenía 42 años cuando hizo “Casablanca” y se fue demasiado pronto tras un calvario. Marcó un estilo, impuso una personalidad y fue inimitable. No era guapo, no era alto, no era simpático. Sus mejores interpretaciones lo muestran huraño, cascarrabias o melancólico. La comedia no era lo suyo. Tuvo una vida sentimental complicada hasta que se enamoró de la jovencita Lauren Bacall.

Era mucho mejor actor de lo que decían sus enemigos y un buen tiempo según casi todos, a pesar del triste episodio de la caza de brujas en la que Bogart se la envainó tras comandar una admirable cruzada a favor de las víctimas. Era el héroe americano más complejo, leal, sentimental y que iba de duro para que su romanticismo no le debilitara. Un tipo que se curtió haciendo de malo hasta que le llegó la oportunidad de redimirse en “El bosque petrificado” y “El último refugio“. Una vida de película sobre la que se ha escrito mucho y que vuelve a las pantallas de papel gracias a la biografía de Stefan Kanfer. No es una obra que aporte grandes revelaciones pero sí es un buen recordatorio de una figura que se niega a apolillarse.

Las universidades le dedican ciclos, sus mejores películas siguen programándose con frecuencia en las cadenas de TV. Incluso tiene un sello. El American Film Institute le nombró la estrella masculina más grande de la pantalla y Entertainment Weekly lo nombró la leyenda del cine más importante de todos los tiempos. Jean-Luc Godard y Woody Allen le rindieron pleitesía. Belmondo y Aznavour le copiaron en algunos de sus papeles más emblemáticos. Y su rostro es usado en bares de medio mundo como objeto de decoración / adoración.

 

Una isla en Hollywood

A Bogart era normal verle con cigarrillo en una mano y un vaso de whisky en la otra. Llevaba pajarita y corbata corta con una clase insuperable y el sombrero de fieltro le sentaba de maravillas. Sonreía de medio lado para meter miedo o enseñaba los dientes para ponerte sobre su aviso sobre su impaciencia con las tonterías. En el mundo de mentira y traición de Hollywood, Bogart era un islote, alguien de palabra, un profesional como la copa de un pino. Sin alardes, con un talento natural impermeable a la afectación. La crítica francesa le quiso etiquetar como un existencialista, otros le calificaron de estoico anacrónico, hubo quien lo definió como un sarcástico con ribetes cínicos. Y Kate Hepburn comentó que no era un hombre de “quizás“. Con él era “sí o no“. Izquierdista y disidente… a su manera.

 

 

Procedente de la clase alta

La biografía de Kanfer evoca los orígenes de Bogart en la clase alta de Nueva York, hijo de un reputado médico y una conocida ilustradora. Nació en 1899 y creció en el Upper West Side de Manhattan, nada menos. Los antepasados de Bogart se parecían más a los personajes de “Historias de Filadelfia” que a los que interpretaría él con una pistola en la mano. El Bogey adolescente era un rebelde sin causa (lo expulsaron de un centro elitista sin contemplaciones) y su paso por la marina se saldó con una cicatriz que se haría mítica, seguramente por una pelea poco patriótica. Como aspirante a actor se arrastró por los escenarios de Broadway en papeles mojados por la frustración.

Su desembarco en Hollywood no fue tampoco un paseo. En sus primeras 45 películas fue ahorcado, electrocutado, condenado a cadena perpetua, acribillado a balazos. Llegar vivo al final de una película era un milagro. Y cuando todo parecía perdido, las casualidades se pusieron de su parte: tras llamar la atención en “El bosque petrificado“, el entonces de moda George Raft dijo no a “El último refugio” y Bogart lo aprovechó. Luego llegó “El halcón maltés” (el verborreico final sirve a Kanfer para demostrar la técnica depurada del actor, en contra de lo que contaban algunas lenguas viperinas) y su escalada a la cumbre con títulos clásicos: “Casablanca” con su caótico rodaje, Tener y no tener“, donde conoció a Lauren Bacall, “El sueño eterno” (o cómo asociar a Philip Marlowe a su nombre para siempre) y “El tesoro de Sierra Madre“, donde amplió sus registros de forma notable.

Sin Bogart, “Casablanca“, no sería lo mismo. Como bien apunta Kanfer, ningún otro actor podría haber hecho tan creíble el papel de Rick Blaine, sin patria, misántropo, bebedor habitual, y, en última instancia, el más abnegado héroe romántico de Hollywood. Un artista maduro se convertía en el tipo de hombre que, en muchos aspectos, todo estadounidense anhelaba ser. Capaz de sacrificarse por la mujer amada. Cuando Bogart empezó el rodaje a las órdenes de Michael Curtiz el 25 de mayo de 1942, era una estrella menor. Cuando lo terminó, el 1 de agosto, se había convertido en el actor del cine americano más importante de su tiempo. En 1946 ganó 467.000 dólares, convirtiéndose en el actor mejor pagado del mundo.

Kanfer avanza a paso ligero por la vida y obra de Bogart, muestra su evolución como intérprete, su lento declinar, sus errores y sus aciertos. Muy interesante la parte dedicada a “En un lugar solitario“, la obra maestra de Nicholas Ray que era una despiadada radiografía del amor roto entre el director y su mujer, la actriz Gloria Grahame, pero también del propio Bogart. La parte final del libro, dedicada a la lucha de Bogart contra un cáncer de esófago en el último año de su vida, encoge el corazón y contiene momentos tan escalofriantes como ese almuerzo en el que se escuchaba el ruido de los alimentos al caer directamente al estómago del actor.

 

 

Actor insustituible

Murió en 1957 a los 57 años. En su funeral, su amigo John Huston dijo que estaba dotado con el don más grande que un hombre puede tener: talento. “No tenemos ninguna razón para sentir pena por él, sólo por nosotros mismos por haberlo perdido. Es insustituible“.
La historia no acaba con su prematura muerte. Kanfer añade unas páginas finales muy interesantes en las que aborda el imparable desarrollo de la leyenda de Bogart, un un hombre que era algo más que un actor: era un estilo, y un estilo que en el Hollywood actual no tendría futuro. No era un ser perfecto, pero nunca habrá otro como él.

 

 





30 07 2011

 

 

“Películas clave del cine de superhéroes”

Quim Casas

(Editorial Robinbook)

 

 

El crítico Quim Casas repasa en esta obra la historia del género. El libro aparece en un momento de gran apuesta en Hollywood por estos filmes.

 

 

Las previsiones de estrenos señalan que el cine espectáculo que está por venir no se distingue por su variedad. La apuesta de los grandes estudios camina en dos direcciones. Una, la fantasía romántico-adolescente a rebufo de la saga abierta con “Crepúsculo” (2008), uno de los mayores fenómenos fan de las últimas décadas. Otra, el cine de superhéroes, género en alza al que, en los últimos años, se han adherido los directores más interesantes (Guillermo del Toro, Sam Raimi y Christopher Nolan), que ha generado clásicos modernos como “El protegido” (2000), “SpiderMan” (2004) y “El caballero oscuro” (2008), y que últimamente ha dado pie a sesudas reflexiones.

El género en cuestión vive un momento dulce, algo que prueba el largo listado de películas de superhéroes que estan viendo la luz esta temporada: “Thor“, “X-Men: Primera Generación“, la recien estrenada ”Green Lantern“, la próxima semana, “Capitán América” y las que vendrán, “Superman: Man on steel“, “The amazing Spider-Man” o “The Dark Knight rises“. En un momento así, tiene sentido la aparición de un libro como “Películas clave del cine de superhéroes“, escrito por el crítico de cine de El Periódico de Catalunya Quim Casas, quien cree que “el cine de superhéroes es una tendencia que de momento no va a remitir“.

Enmarcada en una colección de libros que repasan los títulos clave de cada género, la publicación consta de 100 críticas de otros tantos filmes de superhéroes. Abarca desde la seminal “El murciélago” (1926) hasta la reciente “Zebraman 2” (2010; inédita en España), reúne títulos de distinta naturaleza, fantástica, paródica, realista, del clásico Superman, del filme al chiste con Superhero movie y cinematografías, hay incluso un musical de la factoría de Bollywood, y descubre rarezas.

Fruto de un minucioso proceso de selección, el libro ofrece también 30 perfiles de personajes clave del universo superheroico: de los directores Nolan, Del Toro o Burton a los popes del cómic Stan Lee, Frank Miller y Alan Moore, sin olvidar a figuras como el actor Christopher Reeve, eterno Superman, y el escritor Michael Chabon, autor de la novela “Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay“, monumental acto de amor a la viñeta.

Películas clave del cine de superhéroes” es una completa base de datos sobre el tema, pero Casas trasciende el libro-guía. Al menos por dos razones. La primera, porque al contextualizar de forma tan minuciosa y reflexiva las 100 películas (por qué aparecen, sus lazos con el momento político y social en el que surgen), convierte el libro en una completa crónica del género, explora sus tendencias a lo largo de los años y establece conexiones.

Sirva de ejemplo la explicación del autor sobre los orígenes, ya lejanos en el tiempo, de la oscuridad y las fugas realistas de películas tan reconocidas como “Batman” (1989), “Batman begins” (2005) y “El caballero oscuro” (2008): “En los años 60, el guionista de cómics Dennis O´Neil dio realismo a personajes como Batman. A finales de aquella década y principios de los 70, en las historias de Flecha Verde y Linterna Verde había revueltas estudiantiles, corrupción política, aparecía también el fantasma de la guerra de Vietnam...”.

Otra cosa que hace de “Películas clave del cine de superhéroes” algo más que una guía es el diálogo que el autor, que es un gran conocedor del universo tebeístico, establece entre el cine de superhéroes y la literatura, entre las películas elegidas y los cómics en los que están inspiradas.

 





10 06 2011

 

La Entidadde Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (EGEDA) y Editorial EDAF desplegaron conjuntamente hace unos años un inusitado esfuerzo para editar este libro, cuyas páginas ponen una vez más de manifiesto la polivalente figura de Enrique Herreros (1903-1977).

Además de sus acertadas y celebradas incursiones en la pintura al óleo, el grabado, y su trascendental aportación al humorismo, el lector contemplará su faceta de cartelista, principalmente desarrollada con motivos de cine dibujados, sobre todo, en el período comprendido entre 1931 y 1936.  A pesar de su escasa difusión, ineludiblemente, lo sitúa en la primera línea de los carteristas españoles del siglo XX.

La presencia de EGEDA mantiene su ya iniciada fórmula de promocionar la labor de consagrados cineastas españoles, dejando bien patente el estilo y proceder que representaron, de aquellos que destacaron en diferentes etapas de la historia de nuestro cine.

Asimismo, Editorial EDAF, consagrada en muchos libros, es toda una experta en el tema Herreros, porque tiene en su haber la publicación de dos de los tres Quijotes ilustrados por él; y hace relativamente poco tiempo puso en circulación La Cordoniz de Enrique Herreros, obra biográfica que recoge en 280 páginas una detallada recopilación de su fascinante vida, escrita por Enrique hijo.

Los carteles de cine de Enrique Herreros y otras obras importantes” muestran en sus 460 páginas, cinco facetas creadas por Herreros, como son: primera, esos carteles cinematográficos ya citados, segunda, otros de tema general; tercera, fachadas que sacó de su experta mano para promocionar películas que se exhibían en el Palacio de la Música; cuarta, varias de las 807 portadas que publicó en La Cordoniz, las referentes al mundo del espectáculo y, quinta, 30 retratos de estrellas consagradas de aquellos años, publicados en la revista Cinegramas, tan buscada por los coleccionistas.

Todos estos originales de Enrique Herreros están acompañados en este libro por acertados y sentidos textos escritos por Noventa Magníficos: Luis María Ansón, Rafael Azcona, Carlos Boyero, Luis Alberto de Cuenca, José Luis Garci, Juan Ignacio García Garzón, Alfonso Guerra, Antonio Isasi, Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Nati Mistral, Melquíades Prieto Santiago, Ángel Sánchez Harguindey, Fernando Schwartz, Carmen Sevilla, Ramón Tamames, Alberto Vázquez Figueroa, entre muchos otros.

Un buena manera de recordar hoy a este gran y polifacético artista, hijo predilecto de Madrid. Socio de Honor a  título póstumo dela Asociacióndela Prensade Madrid. Medalla al Mérito deportivo. Medalla de Oro dela Villade Potes, entre otros premios y al que esta noche La 2 de TVE le dedica se programa “Imprescindibles”.

 





29 05 2011

 

 

Cine y género en España” de Fátima Arranz, Premio Muñoz Suay de la Academia de Cine

 

La Junta Directiva de la Academia de Cine ha concedido el Premio Muñoz Suay 2011 a “Cine y género en España”, obra dirigida por Fátima Arranz y editada por Cátedra. En su novena edición, este premio creado en 1997, que reconoce los mejores trabajos de investigación histórica sobre nuestro cine, ha recaído en este libro que aborda la diferencia de género en la cinematografía española.

Conocer el estado en que se encuentra la igualdad de género en el cine nacional fue la premisa para elaborar este exhaustivo informe firmado por Fátima Arranz, Pilar Aguilar, Javier Callejo, Pilar Pardo, Inés París y Esperanza Roquero.

Este premio es el reconocimiento a un trabajo que tiene un enfoque sociológico, lo que es muy novedoso en este área“, dice Arranz.

A principios de 2007 se inició una investigación a través del análisis de películas y conversaciones con numerosos directores/as, y la respuesta es clara: existe discriminación porque el texto recoge que, entre 2000 y 2006, sólo el 10% de los cineastas eran mujeres, porcentaje que para el caso de las guionistas fue del 15% y del 10% para las productoras.

Y la tendencia no es alentadora porque los datos no han variado mucho. Si hoy se repitiera la investigación, la diferencia sería mayor. En términos relativos, cada vez hay menos mujeres jóvenes directoras que hombres porque no se han puesto en marcha acciones positivas potentes para que la situación cambie“, dice Arranz.

A nuestro cine le resultaría de gran ayuda que los productores comprendieran que hay otra forma de entender el mundo y las relaciones“, afirma.

La escasa representación femenina en el audiovisual nacional se confirma en este libro. “Si sólo hay una mirada, el audiovisual se queda cojo, solo hay sobrerrepresentación femenina en los sectores de maquillaje, peluquería y vestuario“, recuerda.

El pasado 26 de mayo en la sede de la Academia se entregó este galardón que lleva el nombre de Ricardo Muñoz Suay (Valencia, 1917-1997), uno de los intelectuales, críticos, cineastas e investigadores más importantes de España.