Jim Carrey: “Mi cara ya actúa por sí sola”

22 07 2011

 

El actor vuelve a la comedia con “Los pingüinos del señor Popper”, en la que trabaja por primera vez con animales

 

 

Jim Carrey es un actor con una sonrisa siempre en los labios, sabe que todos esperan alguna broma detrás de sus respuestas. Conociendo muy bien su trabajo, solo busca risas en vez de aplausos. Y, desde que tiene uso de razón, aprendió que esa es la mejor forma de llamar la atención. La sonrisa siempre fue la misma, lo único que cambió fueron los millones de dólares que hoy gana. Bueno, con un pequeño detalle, nada más: Jim Carrey ahora es abuelo.

 

¿Así que su hija Jane, de 23 años, lo convirtió en abuelo?

Sí. El bebé se llama Jackson. Es fantástico. Ayer estuve con él todo el día. Es el mejor. Ser abuelo es maravilloso.

 

Se le ve mucho más espiritual desde que se convirtió en abuelo. Todavía están en Youtube los vídeos de una conferencia donde habla sobre la libertad espiritual y los propósitos de la vida que descubrió hace poco. ¿La actuación se relaciona en cierta forma con semejante espiritualidad?

Yo creo que tiene mucho que ver, pero no todo. Al menos yo espero que sea algo espiritual lo que hemos hecho en Hollywood.

 

¿Qué haría si no fuera por la actuación?

¿Qué haría si no fuera actor? Por una semana, en mi vida, quise ser veterinario, hasta que descubrí el tema de la eutanasia. No podía comprometerme con algo así. Pero la verdad es que desde el principio me impresionó la forma en que mi padre llamaba la atención. Cada vez que venía gente de visita, él se paraba en mitad de la sala y la gente se impresionaba con su creatividad, sus animaciones cuando contaba una historia. Y yo quería ser igual. No pensé otra opción. Así quería conquistar el mundo. Quería ser como él.

 

¿Todavía se mira al espejo buscado alguna nueva expresión que haga reír a la gente?

Hoy en día, mi cara ya actúa por sí sola (Ríe). Hace lo que quiere. A veces es algo apropiado y otras veces, no. Hay momentos en la sala de edición donde nos damos cuenta de que ciertos gestos no son humanos y borramos si, por ejemplo, hay una ceja que se movió demasiado extraña, para no distraer al público. Pero me doy cuenta de que sigo haciendo pequeños trucos, cosas divertidas que yo mismo había creado cuando tenía 10 años. Lo que hacía en aquel entonces para mí era muy importante.

 

¿Y a día de hoy, también aprovecha la experiencia de haber pasado de bar en bar, contando chistes e improvisando todo tipo de bromas en el famoso Comedy Store de Hollywood?

Es lo que me hace sentir cómodo cuando busco cierta creatividad instantánea. El mejor ejemplo es la película «Los pingüinos del señor Popper». Se puede planear cierto trabajo con pingüinos, pero al momento de encender la cámara terminan haciendo lo que ellos quieren. Y en ese preciso momento necesita suficiente entrenamiento para caer bien parado. Yo solía subir al escenario a improvisar pura comedia. Fue mi mejor entrenamiento, salir sin ningún plan, en medio del Comedy Store. La mitad de las veces, la gente quería tirarme una silla a la cabeza. Pero la otra mitad salía todo perfecto y tuve suerte de formar parte de algo así, donde me sentía tan cómodo.

 

 

¿En el momento que se ofreció a protagonizar una película con pingüinos imaginó que iba a ser tan difícil?

La verdad, no tenía la menor idea cómo íbamos a hacer. Pero me encantó trabajar con pingüinos de verdad. Me preocupaba más usar marionetas electrónicas «animatronics», porque cualquier teléfono móvil o incluso un ipad podía llegar a moverles un brazo en medio de una escena. Por eso optamos por efectos de computadora, pero la mayoría de las escenas las hicimos con pingüinos verdaderos. Me encanta trabajar con animales, disfruto esa energía. A veces, ni siquiera los teníamos en el estudio, pero como vivían al lado igual nos interrumpían el diálogo y los terminábamos trayendo al estudio.

 

¿Y cómo hicieron para mantener la baja temperatura necesaria para los pingüinos dentro del estudio de cine?

Básicamente, el estudio era tan frío que vivía al límite de una neumonía, todo el tiempo. Yo estoy acostumbrado al frío de Canadá, pero era demasiado.

 

¿Lo más gracioso de los pingüinos?

Que no son realmente peces, ni siquiera pájaros. No sé lo que son.

 

¿La mejor anécdota?

Me encantó el rodaje de la cena, donde se suponía que teníamos que sentarnos en las sillas comiendo tranquilamente pescado del plato, como si fuéramos la familia más normal del mundo. Nadie sabía lo que íbamos a poder hacer. La cámara estaba pegada a mi cara pero cuando se separó, tuvieron que separar a los pingüinos como en una carrera de caballo, porque todos quería comerse el pescado. Era un caos y yo tenía que quedarme y hacerlo divertido. Ese es un buen recuerdo.

 

¿Qué haría si le regalaran un pingüino de verdad?

Probablemente me lo comería (ríe) o haría la segunda parte.

 

En el aspecto serio de la película, ¿qué le pareció Angela Lansbury con su participación especial?

Es tremenda, a las cuatro de la mañana ya estaba lista para trabajar. Es increíble. Sueño con mantener el mismo entusiasmo que ella todavía tiene en este momento.

Publicada en ABC

 

 

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