“Eva”, relación entre humanos y robots

28 10 2011

 

 

El cine español presenta hoy “Eva“, “una historia de ciencia ficción como coartada para poder contar lo que somos“, según su director, Kike Maíllo, que en su ópera prima ha contado con Daniel Bruhl, Marta Etura y Alberto Ammann.

El actor Daniel Brühl tuvo que rendirse ante la evidencia cuando vio el teaser que Maíllo rodó para buscar financiación y calentar expectativas: el resultado era apabullante. “Hay un terreno por conquistar, y la conquista es de los valientes“, dice el director. “En España siempre existe un cierto miedo por salirse de la norma, pero también es cierto que, cuando lo haces, hay alguien que te está esperando“.

Maíllo forma parte de la generación Escac. La palabra «generación» puede resultar pretenciosa, pero si los ex alumnos de la Escuela Superior de Cine de Cataluña han facturado éxitos como “El orfanato“, “Los ojos de Julia“, “Tres días con la familia” o “Eva“, que Miramax ha comprado para su estreno americano, las pretensiones están justificadas.

Álex (Daniel Brühl) vuelve a su casa contratado por la universidad para crear un modelo perfecto de niña robot. Su sobrina, Eva (Claudia Vega), a la que no conocía, será su referente. Lo que lo llevará a reencontrarse con su hermano y su cuñada, su antiguo amor…

Si te gusta “Terminator 2” y “El piano”, es lógico que “Eva” sea como es“, sostiene Maíllo. “La ciencia-ficción siempre tiende hacia el thriller o la acción, y en este caso quería hacer algo más femenino, que pudiera entender mi madre. En mis trabajos anteriores, los cortos “Las cabras de Freud” y “Los perros de Pavlov” ya había investigado en la naturaleza del amor. Y en ese buscar el objeto del amor, aparecía lo robótico. ¿Cuál es el paso que hay que dar para que una máquina deje de parecer un esclavo y  sea un igual?“.

El objetivo era “volver a las raíces del mito universal de la máquina“, y en el desarrollo del guión contaron con la colaboración de Sergi Belbel para poner en pie una historia que se desarrolla en un paisaje nevado del 2041 y en la que Bruhl y Ammann son dos hermanos unidos por su pasión por la creación de robots y separados por el amor a la misma mujer, Lana (Marta Etura).

Rodada en la Suiza francesa y en Huesca, “Eva” tiene además un especial tratamiento de la imagen para hacerla creíble en el futuro, pero con un aire retro que la hace totalmente atemporal. Una estética de los setenta buscada por el director porque “en aquella época se desarrolló la mejor ciencia ficción, más discursiva que la actual, más reflexiva y más interesante. Es una historia de futuro con pasado“.

Viendo “Eva” será  imposible dejar de pensar en la memorable sinergia de Kubrick y Spielberg en “A.I. Inteligencia Artificial“: “Soy un admirador confeso de su primera parte“, confiesa Maíllo, “pero me cuesta mucho identificarme con el punto de vista de un robot, prefiero hacerlo con el de un humano. No me importa tanto si los robots sienten como lo que te hacen sentir“.

El punto de partida de “Eva“, que el director barcelonés sitúa entre el mito de Frankenstein y el final de “La odisea“, se cubre de una fina capa de melancolía: “Estaba muy interesado en que la ciencia-ficción no estuviera despegada de la realidad. Buscaba que el espectador sintiera cercano ese futuro, que lo reconociera como propio pero que a la vez supiera que pertenece a otro tiempo. Que respirara una cierta nostalgia“.

 

 

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