¿Es momento para Lars Von Trier?

5 11 2011

 

 

Es uno de  los más grandes y  polémicos cineastas contemporáneos. Cintas como “Rompiendo las olas” lo elevaron a lo más alto, aunque ahora  tanto profesional como personalmente está en horas bajas. Sus palabras a favor de Hitler en la presentación de “Melancolía“,  premiada en Cannes, pero cuestionada por la crítica, le siguen pasando factura

Han corrido caudalosos ríos de tinta desde que el pasado 18 de mayo, después de que “Melancolía” se perfilara como uno de los caballos ganadores en la carrera por la Palma de Oro, Lars Von Trier metiera la pata hasta el fondo declarándose simpatizante nazi en una memorable rueda de prensa. La película ha seguido recorriendo su camino, ganando adeptos en los festivales de Toronto y Nueva York, pero el cineasta danés sigue pagando el peaje de su estupidez. El 6 de octubre, tras sufrir un interrogatorio policial promovido por la fiscalía de Grasse, que le acusa de haber violado la ley francesa contra la justificación de crímenes de guerra, Von Trier declaraba que nunca más asistirá a una rueda de prensa ni concederá entrevistas, dado que no es capaz de expresarse sin generar equívocos. Su próxima película, “Nymphomaniac“, tendrá dos versiones, una de ellas porno, comentaba pocas horas después de que el Festival de Cannes le nombrara “persona non grata“.

Un lado oculto

¿Genio o farsante? Para unos, lo primero; otros se quedan con lo segundo. Lo que no admite dudas es que es un provocador con exceso de verborrea, aunque la palabra no es lo único que pierde a Lars Von Trier. Su penúltima «boutade» sobre el führer le ha valido un aluvión de críticas, algunas por parte de sus actrices. “Siento compasión por Hitler“, afirmó en Cannes. Se disculpó, pero no fue suficiente. Lo mejor, ha dicho, es no volver a hablar. Entre sus pasiones no oculta su gusto por un vaso de vodka, una bebida que prefiere tomar solo y a largos tragos. Quienes están cerca de él aseguran que no falta nunca en su bar. Tampoco escasean los lienzos porque la pintura es uno de sus hobbies. De hecho, algunos de sus cuadros cuelgan de las paredes del castillo de Frederiksborg en el pueblo danés de Hillerod. Son obras monocromas que reflejan el universo angustioso del director, propenso a los ataques de ansiedad.  Odia, además, volar, por eso las localizaciones de sus filmes no superan los límites de Dinamarca y alrededores. Y siente verdadero pánico por los espacios abiertos.

 

 

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