Kirsten Dunst: “Con Lars vives las escenas como si fueran experiencias”

5 11 2011

 

 

En mayo se llevó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes gracias a Justine, la joven deprimida que en “Melancolía” se dedica a destruir la noche de su boda mientras el mundo llega a su fin. Muy lejos de la Mary Jane que interpretó en las tres películas de “Spider-Man” que marcaron el momento más rentable de su ya larga carrera, la ex-niña prodigio admite que compartir un rodaje con el polémico Lars von Trier cambió su forma de entender el cine. Tal vez habrá tenido que ver con el hecho de que esta actriz, que apareció por primera vez en una película a los 7 años, haya estado filmando sin parar después de haber desaparecido por un tiempo de las carteleras. Esperan estreno “En el carretera“, la adaptación de la legendaria novela de Jack Kerouac que ha dirigido Walter Salles, “Upside Down” del argentino Juan Diego Solanas y “Bachelorette” con Isla Fisher. Además, rueda con Roger Donaldson “Cities“, un thriller en el que comparte cartel con Clive Owen.

¿Qué fue lo que le interesó de Melancolía?


Quería trabajar con Lars, porque siento que es uno de los grandes autores de nuestro tiempo y el único que escribe películas desde una perspectiva femenina. Aún cuando están basadas en sus propias emociones, no conozco otro director del sexo masculino que haga algo similar. Sólo puedo pensar en John Cassavettes y la relación que tenía con Gena Rowlands. Poder ser una de esas mujeres era una gran tentación, sobre todo porque Lars no filma muy a menudo. Fue un verdadero honor. Apenas supe que estaba interesado en mi y quería que yo participara en su película, no pude contener mi emoción…

¿Cómo trabajó con él su personaje?


Hablamos mucho antes de que comenzara el rodaje. El se mostró muy abierto y vulnerable y me habló de sus propias enfermedades y de su depresión, o lo que sea que él haya tenido que superar, y hablamos mucho sobre cómo se ven desde fuera ese tipo de situaciones. Sé que hay escenas en el filme que son muy autobiográficas, que él tuvo que pasar por cosas similares y también que estuvo muy deprimido. Cuando te toca trabajar con un director que te muestra todas sus intimidades, eso te ayuda a liberarte y a explorar situaciones que en otras circunstancias no te atreverías a tocar. La verdad es que trabajando con Lars uno vive las escenas como si fueran experiencias y no como una actuación. Él detesta cuando se nota que alguien está actuando y por eso haber trabajado con él ha cambiado la mirada que tengo sobre el cine.

¿De qué manera le ha cambiado?

Simplemente me mostró que había otra manera de rodar, algo que nunca había experimentado antes y por eso fue muy liberador. Cada película es diferente y cada director también lo es, pero a mí me pareció asombrosa la intimidad que él logra crear en el plató. Tiene su propia familia de colaboradores, su diseñador de vestuario, su director de arte, los utileros. Todos han estado con él en casi todas sus películas. Además, todo el mundo te elogia cuando estás trabajando con él. Se te acerca el primer asistente de director y te dice que la toma ha quedado muy bien, cosas que no te pasan en otras filmaciones. Todo el mundo es muy cordial, y el plató en sí es muy tranquilo. Nadie grita a la hora de iniciar la toma ni cuando hay que cortar. Hay una fluidez y una calma que hace que todo sea mucho más natural. Lars sabe como crear una atmósfera en el plató que nunca había experimentado antes.

¿Cómo lidió con su sentido del humor?

Es un tema delicado. Tiene un sentido del humor muy oscuro y reconozco que al principio, cuando empecé a conversar con él, muchas veces me quedaba desorientada por las cosas que decía. No entendía si estaba hablando en serio o si estaba bromeando. Admito que llegué a ponerme nerviosa. Pero tras compartir con él dos cenas ya entendí cómo funcionaban las cosas. Lars es un provocador, es así de simple.

¿Tuvo algún reparo cuando supo que iba a tener que desnudarse en la película?

No, porque me pareció que era apropiado para el filme. Teníamos que mostrar la relación que Justine tenía con la melancolía y con la intimidad en sus relaciones personales y por eso nunca dudé de que tenía que hacer esas escenas. Y cuando llegó el momento de hacerlas, me sentí muy cómoda y protegida. No podría haber habido un mejor ambiente para rodarlas.

Entrevista publicada en La Vanguardia

 

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