“Melancolía”, el fin del mundo visto por Lars Von Trier

5 11 2011

 

Declarada persona non grata en el pasado Festival de Cannes por sus polémicas declaraciones sobre Hitler, el danés Lars Von Trier estrena esta semana “Melancolía

 

 

El fin del mundo es hermoso. Triste, sí, pero muy hermoso. Ese es el agridulce sabor de boca que deja “Melancolía“, la nueva película del siempre peculiar Lars Von Trier que le valió a Kirsten Dunst el premio a la mejor actriz en Cannes.

Melancolía” es, en primer lugar, un audaz ejercicio de preciosismo y virtuosismo visual. Especialmente su prólogo -que recuerda indefectiblemente a algunos pasajes de la magistral “El Árbol de la Vida” de Terrence Mallick- lleno de simbolismo e imágenes oníricas que Von Trier envuelve en la abrumadora música de Wagner.

Tras este alarde de estilo, la historia se nos presenta dividida en dos partes bien diferenciadas: Justine y Claire. La primera lleva el nombre del personaje interpretado por Kristen Dunst y la segunda el de su hermana mayor, a la que da vida una también muy notable Charlotte Gainsbourg.

En Justine Von Trier relata una boda, la de la propia Justine, y cómo sus trastornos psicológicos terminarán por convertir una fastuosa celebración hueca y artificial en un fiasco total. La segunda se centra en la familia de Claire, formada por la propia Justine, su marido -interpretado por Kiefer Sutherland- y su hijo Leo (Cameron Spurr). Ellos tres se enfrentan a la inminente llegada de Melancolía, un enorme planeta que se dirige hacia la Tierra y que según los científicos pasará rozándola.

El Apocalipsis personal e interior de Justine, frente al apocalipsis global y exterior que debe afrontar Claire. Dos partes bien diferenciadas con las que el danés firma uno de sus trabajos más delicados y preciosistas. No olvidemos que ‘el señor del Dogma’ viene de perpetrar la desagradable y sobreexcitada “Anticristo“. El giro de timón de Von Trier es notable. Y es para bien.

Y es que, además de las muchas virtudes del continente visual, el mensaje con el que le rellena Von Trier invita a reflexiones más profundas que la mera angustia apocalíptica.

Es una película no sobre el fin del mundo sino sobre un estado de ánimo“, dijo el director en aquella ya célebre rueda de prensa en Cannes en la que acabó autocalificándose de nazi y seguidor de Hitler. A raíz de ese escándalo -que le puede llevar incluso a los tribunales- el danés ya no habla con la prensa.

Pero eso es otra historia. Lo importante aquí es ir retirando las delicadas e hipnóticas capas con las que el deslenguado Von Trier envuelve un discurso desesperanzado, pesimista y, sobre todo, melancólico.

 

 

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