27 12 2011

 

 

Navidades adult(erad)as

El mejor cine familiar apuesta por las fábulas subversivas

 

 

Hay lugar para los milagros en el cine que llega estas fechas a las salas españolas. No sólo por el rescate de Frank Capra que emprende Kaurismäki, también por las insólitas y extraordinarias aportaciones de “Rare Exports”, “Arthur Christmas” y “El Cascanueces 3D” al tradicional cine de temática navideña.

La Navidad se ha hecho adulta. O quizá se ha adulterado. Bajo el peso de tiempos asfixiantes y deprimentes (melancólicos, según Von Trier), parece sin embargo más pertinente que nunca creer en los milagros. O en algo parecido a ellos. Es verdad que ya quedó lejos la aparente candidez de Frank Capra, pero hay que recordar que su indeleble “Qué bello es vivir” (1946) no fue solo un villancico cinematográfico, sino una airada y tardía respuesta al New Deal, en la que todo un pueblo unía sus fuerzas contra el poder de un banquero. Inevitablemente, su vigencia se fortalecerá este año en las franjas televisivas de la Nochebuena. Pero el cuento más ‘capriano’ de cuantos llegan en estas fechas a las salas de cine será el último filme de Aki Kaurismäki. En “El Havre”, probablemente su más hermosa y compasiva declaración de confianza en el ser humano, la actriz-fetiche Kati Outinen dice que “los milagros nunca le ocurren a los pobres” sólo para que la película (y Kaurismäki y el espectador y el mundo) se empeñe en corregirla. Es la pulsión de los tiempos.

Todos los milagros, en verdad, tienen su reverso. Con el misterio que sugiere un paquete de regalo y un vestido amarillo, Kaurismäki apela a la fe de la audiencia, que al final del cuento podrá creer o no en su asombroso desenlace. Y es que, decíamos, la Navidad se ha hecho adulta y muestra signos de escepticismo. Incluso de crueldad. Así lo ve otro finlandés, el debutante Jalmari Helander, quien entrega la pieza más canalla, desatada y descreída de las fiestas navideñas. “Rare Exports, un cuento gamberro de Navidad” es una delirante fábula que reinterpreta la leyenda de Papa Noel en clave sangrienta. Pero no por ello deja de ser una de las películas más endiabladamente divertidas, enérgicas y festivas del año. La Navidad no es aquí una excusa para hacer una película, sino su origen político. “Rare Exports” adopta el brillo estético de Disney precisamente para subvertir su contenido y darle la vuelta a la emoción infantil. Aquí, de hecho, es imposible no creer en Santa Claus: aunque permanecía encerrado en un escondite arqueológico mantenido en secreto por una gran corporación (de nuevo, los oscuros intereses empresariales), despierta para secuestrar a los niños con la ayuda de su ejército de elfos. La fábula hipertrofiada da paso a un cuento macabro disfrazado de comedia terrorífica.

Evidentemente, la deconstrucción y actualización del mito de Santa Claus emerge como uno de los grandes desafíos para este tipo de propuestas, capaces de apelar al mismo tiempo a la magia y al desencanto navideños. Este año, “Arthur Christmas: Operación regalo” ha venido a demostrar que no toda pieza navideña debe arrastrar su oportunismo con buenos sentimientos, o que deba renegar del espíritu edulcorado de las fiestas con indolente cinismo. Dirigida por Sarah Smith y co-escrita con Peter Baynham (¡el guionista de las excentricidades de Sacha Baron Cohen!), esta película de animación se ha cocinado en el estudio de Wallace y Gromit, un dato que ya debería advertirnos de su ánimo satírico. De hecho, su memorable Abuelo Santa colisiona sin ambages con el imaginario de lo políticamente correcto. La historia imagina una vez más qué transcurre en las bambalinas de su taller durante la noche del 14 de diciembre: ¿cómo logra distribuir los regalos a todos los niños del mundo en una sola noche? La descripción de la sala de operaciones equipada con tecnología del siglo XXI, en espectaculares secuencias 3D con excelentes gags visuales, imponen un ritmo frenético y una imaginación desbordante. La astucia emocional de la película la convierte en una de las propuestas más sorprendentes en este fin de año: funciona como un entrañable elogio navideño (que encandilará a los niños), pero también como un entretenimiento para adultos que rechaza todo asomo de complacencia.

 

 

Pero el verdadero lobo con piel de cordero de estas fiestas es probablemente “El Cascanueces 3D”, de Andrei Konchalovsky, uno de esos cineastas que, para bien o para mal, nunca dejan de sorprender. El veterano director ruso transforma este clásico navideño, situado en la Viena de los años veinte, en torno a la muñeca mágica que el tío Albert (Nathan Lane) regala a su sobrina Mary (Elle Fanning), en una propuesta que se desvía por completo de su apariencia edulcorada. El viaje a otra dimensión -convertido en un recurso típico del cine 3D: “Avatar”, “Tron Legacy”, “Alicia en el país…” -, donde los juguetes asumen formas humanas y todo aparenta ser diez veces más grande, toma por momentos un grave contenido histórico. Bajo las formas de un musical y de una película de aventuras, Konchalovsky introduce claras referencias a la “solución final” nazi. Lo dicho, adulteraciones.

Relatos familiares
 
Quienes busquen relatos tradicionales en los mágicos mundos de la animación, siempre pueden refugiarse en el ternurismo de las aventuras de “Alvin y las ardillas 3” (Mike Mithcell), “Copito de nieve” (Andrés G. Schaer), “El hombre cerilla” (Marco Chiarini) o “El rey León 3D” (Roger Allers y Rob Minkoff).  Nada nuevo bajo el sol (y las imágenes) de estas producciones. Junto a las epifanías navideñas, florece la unidad familiar. A este sentimiento se suma Cameron Crowe, quien después de su documental cuasi-panegírico Pearl Jam Twenty cambia radicalmente de tercio para trasladar las memorias de Benjamin Mee a California, donde un padre de familia (Matt Damon) abandona su empresa para cuidar de sus hijos, hacerse cargo de un zoo de animales salvajes y cambiar de vida después del trauma de perder a su mujer. La familia entendida sin lazos de sangre es la que reivindica “Maktub” (Paco Arango), que, inspirándose en el ‘best-seller’ El alquimista, congrega en una Nochebuena a varios extraños determinados a reponerse de sus respectivos dramas existenciales. El veterano Gary Marshall, a su vez, hace converger en la Nochevieja londinense diez subtramas distintas en “Noche de fin de año”.
 
Por El Cultural
 
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