James Sallis: “Somos urracas, robamos del nido de otras urracas”

31 12 2011

 

Sallis, autor del libro que inspiró “Drive”. Poeta, ensayista, y ante todo escritor, es uno de los secretos mejor guardados de la literatura de género estadounidense.

 

 

James Sallis (1944, Nueva Orleans) es uno de los secretos mejor guardados de la literatura de género estadounidense. Poeta, ensayista, y ante todo escritor, este biógrafo del mítico Chester Himes, admirador de los clásicos del noir americano, historiador de jazz en sus ratos libres y amante de los experimentos con la máquina de escribir, ve cómo la fama le amenaza gracias a “Drive”, la película recién estrenada en nuestro país y que adapta su novela homónima (publicada en España por RBA).

Hollywood llevaba ya mucho tiempo husmeando en mis libros, así que no puedo decir que lo de Drive fuera una sorpresa. Mi suerte ha sido que el proyecto cayera en las manos adecuadas“. A Sallis no le gusta hablar por teléfono así que envía las respuestas a EL PAÍS vía correo electrónico desde su casa de Phoenix (Arizona), donde se mudó poco después de la tragedia del Katrina. Se convirtió en una pesadilla para el Gobierno de Bush, al que fustigó con infinidad de artículos en medios de comunicación de todo el mundo: “Fuimos las víctimas de un Gobierno negligente e incompetente. Cuando me fui de Nueva Orleans a Phoenix me prometí a mí mismo no establecer ningún tipo de vínculo emocional con otra ciudad y eso he hecho, vivo aquí por motivos puramente laborales“, escribe Sallis a propósito de su nuevo hogar en cuya universidad ejerce (sí, también le queda tiempo para eso) como profesor de literatura.

El creador del detective Lew Griffin, su personaje más popular, reconoce que con “Drive” trató de “rendir homenaje a esas maravillosas novelas pulp de tapa blanda que tenían esa musculatura tan particular, pero al mismo tiempo modificando el formato para encajarlo en un estilo más contemporáneo, más del gusto moderno. Me pareció que esa clase de relato exigía una aproximación muy directa y de ahí al uso del narrador en tercera persona“.

El escritor relata dónde se asienta su amor por el género negro, tan de moda en España en estos días: “¿Cuándo se me metió en el cuerpo? Bueno, creo que fue en mi estancia en Londres, donde pasé un año en los sesenta para asumir la dirección de la revista New World. Vivía en un apartamento de dos habitaciones sin calefacción en Portobello y alguien me regaló un libro de Raymond Chandler. Me lo leí embutido en mantas y cuando lo acabé fui a comprarme otro. Después otro y otro. Y después los relatos y a cualquiera que hubiera escrito sobre él. Cuando acabé, empecé con Dashiell Hammet y fue en aquel momento cuando sentí por primera vez en mi vida la necesidad de escribir, ya no como hobby, sino de forma profesional. Sentí la urgencia de contar historias. También me impulsó (y aún sigue haciéndolo) la insatisfacción con el mundo que me rodea“.

Sallis se confiesa ajeno al proceso que ha llevado su novela a la gran pantalla: “Solo me reuní una vez con Nic [Winding Refn, director de la película] y eso fue todo. Y también visité el rodaje donde me trataron como a un jeque“. Cuando se le inquiere por el motivo por el cual prefirió permanecer al margen lo resume así: “Mi niña creció y se fue a la universidad, ahora tiene que vivir su vida. No soy quién para meterme en sus asuntos“.

Algo más extenso se muestra a la hora de hablar de sus referentes, de aquellos que han influido de uno u otro modo en su obra: “Los escritores somos como urracas, robamos partes de los nidos de otras urracas para construir el nuestro propio, está en nuestra naturaleza actuar de esa manera. Yo leo desde que tengo cinco años y cuando empecé a escribir compaginé la actividad con un trabajo como crítico literario, así que, de algún modo, he visto miles de barcos navegar por mis aguas… A Mike Moorcock [leyenda de la literatura de ciencia ficción], por ejemplo, le debo más de lo que puedo expresar con palabras y con Chester Himes siento una extraña afinidad, tan difícil de explicar que he acabado escribiendo su biografía“.

Finalmente, se muestra muy satisfecho con el filme resultante “de Ryan Gosling a Ron Perlman pasando por Albert Brooks (¡Albert Brooks!), la fotografía de Newton Thomas Sigel, el magnífico guión de Hoss Amini, la música de Cliff Martinez… y especialmente el director, que se empeñó en ser fiel al alma del libro. Si algo me sorprende es que una película tan brillante haya podido ver la luz del día“.

Fuente: EL PAÍS

 

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