“La Dama de Hierro”, la vieja memoria

6 01 2012

 

 

¿Se imaginan un biopic de Augusto Pinochet que adoptara el punto de vista de un anciano desvalido, abandonado por los suyos y que se deja llevar por los recuerdos de su carrera de militar? Puede ser que la directora Phyllida Lloyd también haya perdido un poco la memoria y haya olvidado que, en la democrática Europa, ningún presidente o primer ministro se atrevió a mostrar simpatía por el dictador chileno, a excepción de Margaret Thatcher. Busquen ustedes algún comentario de su amistad con Pinochet en “La dama de hierro” y duérmanse en el intento: no encontrarán aquí un análisis riguroso de la figura política de Thatcher, sino un encendido elogio de su empeño por destacar en un mundo de hombres.

A Lloyd sólo le interesa que el público empatice con su heroína, una de las políticas más controvertidas del siglo XX. La primera vez que vemos a Thatcher–comprando leche en un supermercado de barrio– parece haberse escapado de un asilo dirigido por Mike Leigh. A Lloyd le va de perlas que la Dama de Hierro tenga alzhéimer: utiliza la enfermedad como estrategia narrativa –el constante diálogo con el fantasma de su marido dinamiza las escenas situadas en el presente– y como metáfora, porque, en fin, la película intenta recuperar la memoria reciente de su país. Lo que gana en humanizar  lo pierde en objetividad ideológica: se nos narra la carrera política de la Thatcher desde su cabeza, que trata de maquillar sus decisiones tomadas en el poder.

Si, en un momento del filme, Thatcher se queja de que, en la actualidad, la gente ha dejado de hablar de ideas para sobrestimar sus sentimientos, Lloyd ha hecho el tipo de película que a Thatcher no le gustaría: una película sobre Thatcher como emoción, no como idea. Sólo la interpretación de Meryl Streep, que ha de separarse de su aspecto de teleñeco vestido para la hora del té con el fin de encontrar la ambivalencia de la que carece su personaje, compensa de alguna manera el precio que cuesta la entrada.

Por el crítico Sergi SÁNCHEZ

 

 

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Meryl Streep, la dama del Oscar

6 01 2012

 

 

Llevamos meses expuestos a lo que ya podríamos denominar la “thatchermanía”. Como caídos de un cuentagotas, imágenes, declaraciones y tráilers han ido confirmando lo que todos nos temíamos: no hay personaje, por complejo que sea, que se le resista a Meryl Streep.

La actriz que más veces en la historia ha optado al Oscar parece evidente que este año repetirá candidatura con este personaje que ya le ha valido el Oso honorífico de la Berlinale, se puso de nuevo a las órdenes de Phyllida Lloyd, directora asimismo de “Mamma Mia“, para encarnar a la primera ministra británica en un biopic que ha sido recibido de forma desigual. Mientras en Estados Unidos la crítica y la taquilla han encumbrado el filme, en Gran Bretaña éste ha cosechado algunas críticas. De hecho, la familia de la mandataria declinó estar presente en la premiére, una decisión que la actriz dijo “entender porque ahora mismo están en el foco de atención“.

Polémicas aparte, Streep está considerada por mérito propio una de las mujeres con mayor magnetismo y poder en la taquilla internacional. De hecho, la protagonista de “La Dama de Hierro” es, caso extraño en Hollywood, la única actriz mayor de cuarenta años capaz de arrasar con todas y cada una de sus películas. Seguramente, ésta tampoco se convertirá en la excepción que confirma la regla. La intérprete está más que acostumbrada a saltárselas. 

“Su metamorfosis en la primera ministra británica es impresionante”

La caracterización de un personaje requiere conocer todo lo posible acerca de  él. Recabar información es una tarea básica, la principal y más importante, que requiere su tiempo y una preparación para poder asimilar los cambios, aunque generalmente en el cine se parte de la base de que el intérprete guarde cierto parecido físico con aquel a quien interpreta. En este caso, la mímesis entre Thatcher y Streep es impresionante. El trabajo de caracterización ha resultado estupendo: el parecido de ambos rostros resulta espectacular, teniendo en cuenta, además, la diferencia de edad que las separa. La tarea de envejecimiento de la piel es muy sutil, porque no se perciben arrugas gruesas. Con respecto a la nariz, parece que se ha utilizado una prótesis de látex suave que aún acrecienta más el parecido. El pelo, capítulo también importante, se ha cuidado al máximo con una peluca tejida para la actriz, basada en el peinado exacto que lucía Thatcher. Para el maquillaje se ha utilizado la misma paleta de tonos suaves de la mandataria: se han calcado sus  tonos, la forma de los ojos, las sombras, los gestos. Y el habla, las pausas en la expresión, la manera de mirar, de andar. Sucede, además que cuando un actor se mira al espejo y ve que su parecido con el personaje es una realidad se crece. Y Streep ha visto a Thatcher.

 





Meryl Streep: “Margaret Thatcher no me inspira ninguna simpatía”

6 01 2012
 
 
 
 
La nueva película de Meryl Streep, “La dama de hierro“, recorre la biografía de la exmandataria británica Margaret Thatcher. El filme, dirigido por la inglesa Phyllida Lloyd, empieza con una Thatcher anciana que sufre alucinaciones y habla permanentemente con su marido Denis. Pronto se descubre que en realidad conversa con un fantasma. Sin duda, la cinta escrita por Abi Morgan es una pieza teatral fascinante que en la gran pantalla pierde dramatismo y termina convirtiéndose en un vehículo más para que brille el enorme talento interpretativo de Meryl Streep.
 
La dama de hierro” muestra como Margaret Thatcher trabajó sin descanso para convertirse en Primera Ministra del Reino Unido, lo que incluyó un cambio drástico en su tono de voz. Considerada como una de las figuras más controvertidas del siglo XX, Thatcher es la primera y única mujer que ha llegado al 10 de Downing Street. En una entrevista concedida en Nueva York, la actriz con más nominaciones a los Globos de oro y los Oscars, pero que sin embargo solo ha ganado dos, el último hace dieciséis años, nos habla sobre esta experiencia.
 
 
– Sorprende que interpretara a Margaret Thatcher, una de las mujeres más odiadas de la historia, con tanta ternura ¿Sintió simpatía hacia su personaje?
 
– No. No me inspira ninguna simpatía. Es cierto que ella permanece como una de las mujeres más odiadas por su política en Inglaterra. Fue una mujer rígida, que se mantuvo siempre firme en sus creencias.
Precisamente la discrepancia que provocó en el mundo me cautivó a la hora de interpretarla. Me acerqué al personaje con muchas preguntas ¿Quién era? ¿Hasta dónde estaba dispuesta a llegar? ¿Su capacidad para destilar veneno? ¿Qué tipo de mujer puede aguantar años y años de odio manteniendo su postura? Es, sin lugar a dudas, una mujer fascinante. Una dama a la antigua, que encontraba su fuerza en su matrimonio, en su marido que la adoraba. Encuentro muy interesante mirar con profundidad una vida como la suya y encontrar al ser humano. He construido el personaje de dentro hacia fuera, para ella el mundo era su escenario donde tenía que interpretar el papel de Primera Dama. Después, en su casa, era una mujer diferente.
 
– ¿Qué recuerdos tiene de los ochenta cuando ella marcaba el escenario político internacional y usted vivía en Nueva York?
 
– La verdad, no seguía lo que hacía Margaret Thatcher. No me interesaba. Yo no apoyaba a Reagan, que era un presidente conservador. Yo era una actriz de izquierdas y en Estados Unidos esa línea no se cruza.
La Thatcher, desde la distancia, me parecía de otra especie, otra clase de persona con su pelo de burbuja y la ropa equivocada. Era objeto de bromas ridículas en la prensa y cuando fue elegida Primera Ministra yo acababa de dar a luz a mi primera hija. Sin embargo recuerdo que con mis amigos hablamos mucho sobre el hecho, de que te gustara o no, en Inglaterra, un país dividido por las clases sociales, antisemítico, exclusivo con los géneros y con sus clubes solo para hombres, permitiera que gobernara una mujer. ¿Cómo ocurrió? Pensábamos entonces que América seguiría sus pasos, pero fíjate han pasado treinta años y seguimos sin una presidenta.
 
– Ha conseguido encarnar a Margaret Thatcher de manera espectacular ¿Cuál fue el mayor reto de su interpretación?
 
-Si algo he aprendido de Thatcher es su capacidad para respirar. No tengo sus pulmones pero soy una actriz preparada que ha tomado clases de drama y entiende que la mejor manera de entender un soneto es empezar por el principio. Estudiándola descubrí que su capacidad para hablar sin respirar le permitía organizar sus ideas y dominar cualquier conversación, incluso cuando ella no era consciente de ser quien dominaba. Conocerla me ayudó a entender su habilidad y, con mucho esfuerzo, conseguí represenarla de forma adecuada.
 
– Margaret Thatcher asegura que es mejor pensar que sentir ¿Se identifica con esa filosofía?
 
– Todo el mundo tiene algo que decir, incluso tus enemigos, incluso tu adversario. De otro modo no habría argumento, todo el mundo pensaría igual. Es bueno que haya dos caras de una misma moneda. En Margaret había una claridad de ideas en las que muchos creían y eso es muy importante. Ella era una mujer de otro tiempo
 
– ¿Se identifica, como actriz, con la idea de ser de otra época? Vivimos hoy en la cultura de la celebridad; las actrices se apuntan al frenesí de los medios donde para tener un lugar privilegiado es necesario diversificar en otras áreas.
 
– ¡Vaya pregunta! (se carcajea). Es realmente interesante cómo la formulas, porque yo no lo había pensado desde esa perspectiva. En nuestro negocio las jóvenes que empiezan tienen que duplicar su trabajo por necesidad. Para formar parte de esta enorme máquina es necesario hacer marketing de moda, vender otras cosas además de a tus propias conviciones artísticas. La presión es brutal desde que empiezan. Y si se niegan se quedaran sin alfombra roja, sin vestidos que ponerse, y sin productos que vender y entonces no habrá película. así que levanta tu Coca-Cola y sonríe.
 
– Sin duda ser actriz se ha convertido en una profesión diferente.
 
– Absolutamente. Es raro. Ahora cuando veo una película me doy cuenta de todas las cosas que me venden, todo eso me distrae.
 
– Incluso Woody Allen ha caído poseído por las marcas en sus películas
 
– Ya no hay dinero para hacer una película seria sin publicidad, ya nadie quiere ver un buen drama en el cine.
 
– ¿En algún momento se sintió discriminada como mujer?
 
– No. No creo haber sido discriminada nunca, pero sí he sentido que algunas personas se han apartado de mi camino porque me consideraban un dolor de muelas (se ríe) eso sí lo he percibido.
 
– Dijo en una ocasión que una de las cosas que destacaría de su trabajo, de sus personajes, es la relación que establece con ellos ¿Siente la necesidad de defender a Thatcher?
 
– Dije aquello cuando hablaba de la película ‘Kramer vs Kramer’. Mi personaje era la villana y yo no lo veía así. En cuanto a Margaret Thatcher ella se ha ganado su lugar en la historia, hay que ser justos.
 
– ¿Qué tipo de personaje le interesa en estos momentos?
 
– La gente mayor. Ya tengo una edad, y la siento. Me interesa la gente que envejece como yo. Amé a mi abuela y a mi madre y quiero contar historias de mujeres de edad, qué hay detrás de cada arruga, de cada arruga en sus caras. Eso es lo que me interés ahora mismo.
 
– ¿Con tantas nominaciones a los Oscars, todavía le interesa ganar o como el difunto Paul Newman ha perdido el interés?
 
– Soy una mujer glotona y aun siento el ansia de ganar.
 
Publicada en Las Provincias