Meryl Streep, la dama del Oscar

6 01 2012

 

 

Llevamos meses expuestos a lo que ya podríamos denominar la “thatchermanía”. Como caídos de un cuentagotas, imágenes, declaraciones y tráilers han ido confirmando lo que todos nos temíamos: no hay personaje, por complejo que sea, que se le resista a Meryl Streep.

La actriz que más veces en la historia ha optado al Oscar parece evidente que este año repetirá candidatura con este personaje que ya le ha valido el Oso honorífico de la Berlinale, se puso de nuevo a las órdenes de Phyllida Lloyd, directora asimismo de “Mamma Mia“, para encarnar a la primera ministra británica en un biopic que ha sido recibido de forma desigual. Mientras en Estados Unidos la crítica y la taquilla han encumbrado el filme, en Gran Bretaña éste ha cosechado algunas críticas. De hecho, la familia de la mandataria declinó estar presente en la premiére, una decisión que la actriz dijo “entender porque ahora mismo están en el foco de atención“.

Polémicas aparte, Streep está considerada por mérito propio una de las mujeres con mayor magnetismo y poder en la taquilla internacional. De hecho, la protagonista de “La Dama de Hierro” es, caso extraño en Hollywood, la única actriz mayor de cuarenta años capaz de arrasar con todas y cada una de sus películas. Seguramente, ésta tampoco se convertirá en la excepción que confirma la regla. La intérprete está más que acostumbrada a saltárselas. 

“Su metamorfosis en la primera ministra británica es impresionante”

La caracterización de un personaje requiere conocer todo lo posible acerca de  él. Recabar información es una tarea básica, la principal y más importante, que requiere su tiempo y una preparación para poder asimilar los cambios, aunque generalmente en el cine se parte de la base de que el intérprete guarde cierto parecido físico con aquel a quien interpreta. En este caso, la mímesis entre Thatcher y Streep es impresionante. El trabajo de caracterización ha resultado estupendo: el parecido de ambos rostros resulta espectacular, teniendo en cuenta, además, la diferencia de edad que las separa. La tarea de envejecimiento de la piel es muy sutil, porque no se perciben arrugas gruesas. Con respecto a la nariz, parece que se ha utilizado una prótesis de látex suave que aún acrecienta más el parecido. El pelo, capítulo también importante, se ha cuidado al máximo con una peluca tejida para la actriz, basada en el peinado exacto que lucía Thatcher. Para el maquillaje se ha utilizado la misma paleta de tonos suaves de la mandataria: se han calcado sus  tonos, la forma de los ojos, las sombras, los gestos. Y el habla, las pausas en la expresión, la manera de mirar, de andar. Sucede, además que cuando un actor se mira al espejo y ve que su parecido con el personaje es una realidad se crece. Y Streep ha visto a Thatcher.

 

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