Meryl Streep: “Margaret Thatcher no me inspira ninguna simpatía”

6 01 2012
 
 
 
 
La nueva película de Meryl Streep, “La dama de hierro“, recorre la biografía de la exmandataria británica Margaret Thatcher. El filme, dirigido por la inglesa Phyllida Lloyd, empieza con una Thatcher anciana que sufre alucinaciones y habla permanentemente con su marido Denis. Pronto se descubre que en realidad conversa con un fantasma. Sin duda, la cinta escrita por Abi Morgan es una pieza teatral fascinante que en la gran pantalla pierde dramatismo y termina convirtiéndose en un vehículo más para que brille el enorme talento interpretativo de Meryl Streep.
 
La dama de hierro” muestra como Margaret Thatcher trabajó sin descanso para convertirse en Primera Ministra del Reino Unido, lo que incluyó un cambio drástico en su tono de voz. Considerada como una de las figuras más controvertidas del siglo XX, Thatcher es la primera y única mujer que ha llegado al 10 de Downing Street. En una entrevista concedida en Nueva York, la actriz con más nominaciones a los Globos de oro y los Oscars, pero que sin embargo solo ha ganado dos, el último hace dieciséis años, nos habla sobre esta experiencia.
 
 
– Sorprende que interpretara a Margaret Thatcher, una de las mujeres más odiadas de la historia, con tanta ternura ¿Sintió simpatía hacia su personaje?
 
– No. No me inspira ninguna simpatía. Es cierto que ella permanece como una de las mujeres más odiadas por su política en Inglaterra. Fue una mujer rígida, que se mantuvo siempre firme en sus creencias.
Precisamente la discrepancia que provocó en el mundo me cautivó a la hora de interpretarla. Me acerqué al personaje con muchas preguntas ¿Quién era? ¿Hasta dónde estaba dispuesta a llegar? ¿Su capacidad para destilar veneno? ¿Qué tipo de mujer puede aguantar años y años de odio manteniendo su postura? Es, sin lugar a dudas, una mujer fascinante. Una dama a la antigua, que encontraba su fuerza en su matrimonio, en su marido que la adoraba. Encuentro muy interesante mirar con profundidad una vida como la suya y encontrar al ser humano. He construido el personaje de dentro hacia fuera, para ella el mundo era su escenario donde tenía que interpretar el papel de Primera Dama. Después, en su casa, era una mujer diferente.
 
– ¿Qué recuerdos tiene de los ochenta cuando ella marcaba el escenario político internacional y usted vivía en Nueva York?
 
– La verdad, no seguía lo que hacía Margaret Thatcher. No me interesaba. Yo no apoyaba a Reagan, que era un presidente conservador. Yo era una actriz de izquierdas y en Estados Unidos esa línea no se cruza.
La Thatcher, desde la distancia, me parecía de otra especie, otra clase de persona con su pelo de burbuja y la ropa equivocada. Era objeto de bromas ridículas en la prensa y cuando fue elegida Primera Ministra yo acababa de dar a luz a mi primera hija. Sin embargo recuerdo que con mis amigos hablamos mucho sobre el hecho, de que te gustara o no, en Inglaterra, un país dividido por las clases sociales, antisemítico, exclusivo con los géneros y con sus clubes solo para hombres, permitiera que gobernara una mujer. ¿Cómo ocurrió? Pensábamos entonces que América seguiría sus pasos, pero fíjate han pasado treinta años y seguimos sin una presidenta.
 
– Ha conseguido encarnar a Margaret Thatcher de manera espectacular ¿Cuál fue el mayor reto de su interpretación?
 
-Si algo he aprendido de Thatcher es su capacidad para respirar. No tengo sus pulmones pero soy una actriz preparada que ha tomado clases de drama y entiende que la mejor manera de entender un soneto es empezar por el principio. Estudiándola descubrí que su capacidad para hablar sin respirar le permitía organizar sus ideas y dominar cualquier conversación, incluso cuando ella no era consciente de ser quien dominaba. Conocerla me ayudó a entender su habilidad y, con mucho esfuerzo, conseguí represenarla de forma adecuada.
 
– Margaret Thatcher asegura que es mejor pensar que sentir ¿Se identifica con esa filosofía?
 
– Todo el mundo tiene algo que decir, incluso tus enemigos, incluso tu adversario. De otro modo no habría argumento, todo el mundo pensaría igual. Es bueno que haya dos caras de una misma moneda. En Margaret había una claridad de ideas en las que muchos creían y eso es muy importante. Ella era una mujer de otro tiempo
 
– ¿Se identifica, como actriz, con la idea de ser de otra época? Vivimos hoy en la cultura de la celebridad; las actrices se apuntan al frenesí de los medios donde para tener un lugar privilegiado es necesario diversificar en otras áreas.
 
– ¡Vaya pregunta! (se carcajea). Es realmente interesante cómo la formulas, porque yo no lo había pensado desde esa perspectiva. En nuestro negocio las jóvenes que empiezan tienen que duplicar su trabajo por necesidad. Para formar parte de esta enorme máquina es necesario hacer marketing de moda, vender otras cosas además de a tus propias conviciones artísticas. La presión es brutal desde que empiezan. Y si se niegan se quedaran sin alfombra roja, sin vestidos que ponerse, y sin productos que vender y entonces no habrá película. así que levanta tu Coca-Cola y sonríe.
 
– Sin duda ser actriz se ha convertido en una profesión diferente.
 
– Absolutamente. Es raro. Ahora cuando veo una película me doy cuenta de todas las cosas que me venden, todo eso me distrae.
 
– Incluso Woody Allen ha caído poseído por las marcas en sus películas
 
– Ya no hay dinero para hacer una película seria sin publicidad, ya nadie quiere ver un buen drama en el cine.
 
– ¿En algún momento se sintió discriminada como mujer?
 
– No. No creo haber sido discriminada nunca, pero sí he sentido que algunas personas se han apartado de mi camino porque me consideraban un dolor de muelas (se ríe) eso sí lo he percibido.
 
– Dijo en una ocasión que una de las cosas que destacaría de su trabajo, de sus personajes, es la relación que establece con ellos ¿Siente la necesidad de defender a Thatcher?
 
– Dije aquello cuando hablaba de la película ‘Kramer vs Kramer’. Mi personaje era la villana y yo no lo veía así. En cuanto a Margaret Thatcher ella se ha ganado su lugar en la historia, hay que ser justos.
 
– ¿Qué tipo de personaje le interesa en estos momentos?
 
– La gente mayor. Ya tengo una edad, y la siento. Me interesa la gente que envejece como yo. Amé a mi abuela y a mi madre y quiero contar historias de mujeres de edad, qué hay detrás de cada arruga, de cada arruga en sus caras. Eso es lo que me interés ahora mismo.
 
– ¿Con tantas nominaciones a los Oscars, todavía le interesa ganar o como el difunto Paul Newman ha perdido el interés?
 
– Soy una mujer glotona y aun siento el ansia de ganar.
 
Publicada en Las Provincias
 
 
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