“Los hombres que no amaban a las mujeres”, oscura obsesión

13 01 2012

 

 

Dirigida por David Fincher y protagonizada por Daniel Craig y Rooney Mara, esta nueva adaptación de la primera parte de la trilogía escrita por el ya desaparecido Stieg Larsson, quiere evitar las comparaciones con su “gemela” europea estrenada hace casi tres años. Si en la versión europea, la elección de los actores Michael Nyqvist y Noomi Rapace para encarnar a los protagonistas fue totalmente acertada, consiguiendo estar a la altura de sus alter ego en la novela, la expectación ahora está en si los actores americanos conseguirán dar la talla.

En este nuevo remake el argumento parece serle fiel a la novela. Todo empieza cuando Mikael Blomkvist (Daniel Craig), codirector de la prestigiosa revista Millenium, es acusado por difamar al empresario Hans-Erik Wennerström, lo que le lleva a reducir su participación en la revista. Esta mala etapa en su vida es aprovechada por uno de los empresarios más ricos y poderosos de Suecia, para proponerle que escriba un libro sobre su familia, su imperio y a su vez, investigue la desaparición de su sobrina Harriet hace 40 años.

Para poder esclarecer el caso Mikael Blomkvist se traslada a una isla remota en el norte de Suecia. Allí contara con la inestimable ayuda de Lisbeth Salander (Rooney Mara), una compañera un tanto especial, una joven hacker de 24 años, llena de tatuajes y piercings, a la que los servicios sociales tratan por tonta y a la que la vida no ha tratado demasiado bien. Juntos se adentrarán en un mundo de misterio, intriga, asesinatos, traición, corrupción y secretos familiares, en el que nada y nadie es lo que parece.

Uno de los grandes problemas más comunes a la hora de adaptar al cine un best seller de éxito mundial son las altas expectativas que se crean en los lectores. Ha sido tal el éxito que ha alcanzado la novela que al adaptarla al cine hay que intentar ser lo más fiel posible, aunque es muy difícil condensar en dos horas y media más de 600 paginas. De no ser así el lector se siente estafado, sobre todo si estamos hablando de una saga que ha vendido más de 50 millones de ejemplares en 46 países.

En EE UU el film, estrenado el pasado diciembre, ya ha recibido las primeras críticas. Y han sido de todos los colores. De los halagos de The New York Times calificándola de “oscura” e “hipnótica” o del Usa Today hablando de su reparto “excepcional“, pasamos a los no gratos calificativos de New York Post que la trata de “basura“.

En España, desde hoy, los seguidores de las aventuras de Lisbeth y Mikael ya pueden dejarnse caer por uno de los cines para disfrutar durante 158 minutos de esta adaptación de la novela negra que ha revolucionado a medio mundo, y que ha hecho aumentar considerablemente el turismo en la capital sueca, especialmente en el barrio de Södermalm y en Archipiélago de Estocolmo, donde viven los protagonistas. Veremos si los millones de Hollywood y el caché de Daniel Craig, el último en ponerse en la piel del agente 007, consiguen mejores criticas que la fantástica adaptación sueca.

 

 

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“La chispa de la vida”, retrato del espectáculo más podrido

13 01 2012

 

 

Tras “Balada triste de trompeta”, Álex de la Iglesia vuelve a la cartelera con “La chispa de la vida”, una entrega más del retrato que desde hace tiempo viene realizando el director vasco de la España más podrida y cruel. Para ello, ha contado con los actores Salma Hayek y José Mota.

¿Quién cargó la primera pistola?, se preguntaba J. G. Ballard al final de su libro “La exhibición de atrocidades”, un catálogo delirante de píldoras capaces de retratar el espíritu sangrante de nuestra época. Muchos años después, esa pregunta sigue sin respuesta, pero ya ni nos fijamos en los agujeros de bala en las paredes ni escuchamos el sonido de las ametralladoras, porque las atrocidades forman parte ya de nuestro ADN social y económico: es la vieja sociedad del espectáculo que definiera, de forma algo críptica, Guy Debord, y que en la última película de Álex de la Iglesia, y perdonen el pobre juego de palabras, se convierte en algo así como la suciedad del espectáculo.

Porque no es necesario acudir a Debord, o ni tan siquiera a Ballard; bastarían las declaraciones televisivas de Terri de Niccoló, una de las bellinas participantes en las orgías del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, para entender que vivimos inmersos por completo en el fango mugriento del espectáculo, mutación del capitalismo por la cual nada es real, y sin embargo todo es susceptible de ser convertido en mercancía, empezando por nosotros mismos: “Cuanto más alto quieras llegar, más cadáveres tendrás que dejar en la cuneta. Y es justo que sea así. La ley es la de los que son leones. Si eres un cordero quédate en casa con unos pocos euros al mes. Si quieres ganar 20.000 euros debes bajar al campo de batalla y vender a tu madre”, decía orgullosa De Niccoló, acertando de lleno en la diana de la infamia capitalista contemporánea: el dudoso derecho a ponerse uno mismo en venta.

Sobre este tejido maloliente ha edificado Álex de la Iglesia su nueva película, que cuenta la historia de un publicista que, tras dos años en paro, acaba convertido en el protagonista involuntario de un drama mediático con su vida pendiente de un hilo (o más exactamente, apoyada en una barra metálica). Colándose por error en la inauguración de un teatro romano recién restaurado a mayor lustre de los políticos locales, Roberto Gómez (José Mota) acaba atrapado en el centro del escenario, y mientras los médicos discuten sobre la mejor manera de sacarle de allí sin poner en riesgo su vida, decide vender su tragedia al mejor postor, y arañar así un puñado de euros con los que asegurar el porvenir de su familia, con su mujer al frente (Salma Hayek), orquestando un drama para regocijo del público.

Aunque pueda parecer una película mucho más sosegada que “Balada triste de trompeta”, “La chispa de la vida” no es sino una entrega más de este retrato en progresión que De la Iglesia lleva construyendo desde hace tiempo de la España más cruel y podrida; a su incomprendida, aunque genial y nada complaciente, visión del mito de la Santa Transición en Balada triste… le sucede ahora el acercamiento a un presente de perdedores, perdidos, parados de larga duración y contratados por ETT, visto a través de aquellas imágenes que han logrado suplantar a lo real: las de la televisión.

La película acierta al definir la verdadera aspiración del espectáculo contemporáneo y televisivo: retransmitir (léase vender) en directo la muerte, y no la vida, como hacen, en un quiero y no puedo hipócrita, esos programas que filman 24/7 a los concursantes con la nunca declarada aspiración de que alguno muera de improviso, aunque desbarra en un clímax que haría las delicias de aquellos a quienes pretende criticar. La estética sanguinolenta y carnal de su anterior película ha dado paso a un aspecto extrañamente digital, como si la película estuviera preparada ya para su emisión en HD por un canal en abierto, con el riesgo-goce de ser entendida como un informativo más. Ya lo dijo Debord: “El espectáculo no es un suplemento al mundo real. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real”.

Por El Cultural

 

 





De la Iglesia: “‘La chispa de la vida’ es berlanguiana, pero este adjetivo me queda grande”

13 01 2012
 
 
 
 
A Álex de la Iglesia lo que más le gusta del cine no son los premios, ni los festivales, ni la recaudación en taquilla. Él disfruta en gerundio: rodando. Pero no puede evitar la promoción, una tarea a la que se dedica con profesionalidad y sentido del humor. De la Iglesia presentó ya la semana pasada, su última película, “La chispa de la vida” en Valencia. Acudió con su equipo, entre ellos, el productor valenciano Ximo Pérez y dos actores de la Comunitat, Oskar Santos y Ferran Gadea. 
 
-Estrena la película el 13 de enero. ¿Le asusta la taquilla?
 
-No, me asusta todo menos eso. Me asusta la vida, el poder rodar, el sobrevivir a un año terrible… espero que la película guste.
 
-¿Y si, por alguna de aquellas, fracasara entre los espectadores?
 
-Yo no soy el productor de ‘La chispa de la vida’ y no estoy tan implicado en la taquilla. Como director y tras 25 años no pienso en la taquilla, sino que pienso en qué me importa a mí como espectador y como director. Yo creo que al público le sirvo una historia atractiva, que tiene ritmo y fuerza y cuenta cosas cercanas que no cuentan los americanos. Si intentamos hacer ‘Sherlock Holmes’, vamos a tener problemas.
 
-¿No envidia a Santiago Segura y su ‘Torrente’?
 
-Sí, claro que lo envidio. Él ha sabido contar algo que no ha contado nadie y eso lo agradece el público. Las películas de Santiago son únicas con esa mala baba y su humor, del que nos avergonzamos pero nos reímos mucho. No deberíamos avergonzarnos, porque como directores debemos avanzar en una dirección: el público. Segura con su valentía ha dado con sus espectadores.
 
-No entraremos en la supuesta crisis del cine español, pero ‘La chispa de la vida’ si aborda, con humor negro, la situación crítica de Roberto, un publicista en paro que, al principio del filme, envía a todos al infierno. ¿A quién mandaría a la hoguera?
 
-A muchos, pero no voy a decir nombres. Todos tenemos ganas de mostrar nuestra rabia y buscar culpables, pero ahora es momento de buscar amigos y espectadores.
 
-Al protagonista, ni sus amigos, le dan trabajo. ¿Usted también tiene problemas para encontrar préstamos para sus películas?
 
-Más que nunca, porque cada vez es más difícil.
 
-En la película denuncia ferozmente el circo mediático, sobre todo el televisivo, y el político.
 
-Ese mundo nos rodea a todos, como si fuera una prisión, pero la cinta quiere demostrar que siempre hay una salida al caos y una posibilidad de salir adelante de la crisis. En este contexto, si se pierde la dignidad se pierde todo. No todo en la vida es dinero. No todo tiene un precio, hay límites, hay esperanza. La clave está en esa ilusión absurda de creer que las cosas pueden salir bien.
 
-¿Todas las personas son mezquinas hasta que demuestren lo contrario?
 
-Siempre hay un rayo de esperanza. Existe gente que daría la vida por ti sin conocerte, si no este país o la sociedad en general no se sostendría. La única razón por la que esto se mantiene es por que debajo de los buitres, hay personas excelentes.
 
-Algunas críticas ‘visten’ a la chispa de la vida’ con la etiqueta de berlanguiana. ¿Está de acuerdo?
 
-Sí, es una película berlanguiana pero este adjetivo me queda muy grande. Yo bebo de las fuentes de Berlanga, Azcona y Marco Ferreri.
 
-Berlanga fue uno de los impulsores de la Ciudad de la Luz, un proyecto con numerosas deudas y que la Generalitat prevé vender las instalaciones. ¿Qué ha fallado con los estudios alicantinos?
 
-Quizá ha habido un problema de gestión porque se necesitan grandes profesionales para sacar un proyecto de esas características. Se necesita la cooperación y la complicidad de la industria del cine, centralizada en Madrid, para que se asiente en Alicante. Debe ser más barato rodar en la Ciudad de la Luz que en Barcelona o en Madrid. Además, falta más y mejor comunicación de los estudios, porque son muy pocos los que saben que en la Ciudad de la Luz se rueda de maravilla.
 
-En su relevo al frente de la Academia de Cine, ¿dio algún consejo a Enrique González Macho?
 
-Sabe mucho más que yo de la industria y conoce perfectamente el negocio. Su forma de ver las cosas difiere de la mía, pero eso es bueno. A mí me da miedo la gente que impone eso de ‘estás conmigo o contra mí’. Vivimos en un bipartidismo mental que yo rechazo.
 
-Esa bipolaridad también afecta a ley Sinde. Hay un enfrentamiento: creadores e internautas.
 
-Hay gente que se beneficia de ese conflicto. Los creadores de contenido y el público nunca han estado enfrentados. La ley ya está aprobado y yo sigo pensando lo mismo: se necesita una normativa, pero no ésa. Habría que empezar desde cero, considerando a todos los sectores implicados y es factible.
 
-Si el ministro de Cultura le ofreciera una dirección general…
 
-Sería aberrante. Sería como pedirle a un cristiano que alimente a los leones que le van a comer.
 
Entrevista realizada por: Las Provincias