El cartel, la última pieza del cine

15 01 2012

 

Básico para la promoción de una película, el cartel esconde detrás un trabajo de diseño apenas reconocido

 
Una morena Uma Thurman fumando en el suelo para “Pulp Fiction“, la pareja de sombreros más clásica de Hollywood en “Casablanca“, Tony Montana, mitad blanco mitad negro en “El Precio del Poder” y las manos que manejan los hilos de una marioneta junto a Don Vito Corleone para “El Padrino“. Estos son algunos de los pósters más vendidos del mundo. Para los amantes del cine y del diseño son una imagen para decorar su hogar; para los coleccionistas una obra de arte que guardan con recelo.
 
Parece que este trozo de papel no es más que eso, pero en realidad es mucho más. Es la carta de presentación del film y la imagen que lo representará para siempre. Detrás del trabajo de un afiche se esconde un equipo de diseñadores desconocido que reclama un hueco más amplio en la industria del cine.
 
Si después de 57 años, los carteles de “Vértigo“, “Los Pájaros“, y “Anatomía de un asesinato” se siguen recordando es porque llevan la firma de Saul Bass, su creador. Para los admiradores del director Alfred Hitchcock este nombre les sonará un poco, y nada para el resto de mortales. Para informar a estos últimos, Bass es considerado un referente del diseño gráfico del cartel y el precursor de los títulos de crédito como expresión artística.
En 1955 llegó a las salas de cine “El hombre del brazo de oro“, la controvertida película del director Otto Preminger sobre un heroinómano interpretado por Frank Sinatra. En la lata donde se guardó la cinta, una nota exigía: “Para los proyeccionistas: retirar la cortina antes de los títulos de crédito“. Por primera vez cobraban una importancia artística y lo mismo ocurrió con el cartel. En lugar de escoger el camino más fácil con el popular rostro de Sinatra, Bass decidió promocionar la cinta con la sencilla pero poderosa imagen de un brazo, símbolo de la adicción.
 
Una emblemática imagen, reconocible al instante e inmediatamente ligada con el film“, describió el realizador Martin Scorsese el estilo de Bass. Su herencia la recogen ahora los artistas que tratan de encumbrar este oficio al lugar que se merece. Uno de ellos es Óscar Mariné (Madrid, 1951), actual Premio Nacional de Diseño. Su firma está detrás de los carteles de “Todo sobre mi madre“, “800 balas” y “El día de la bestia“. Empezó diseñando carátulas de discos en los años 80 pero el éxito de la revista ‘Madrid me mata’ le permitió enfocar su vida hacía lo que más quería.
 
Mariné diseñó en un año el póster de “Todo sobre mi madre“, film que concedió el primer Oscar a Pedro Almodóvar. “Fue una de las imágenes más vistas fuera de España“, afirma el artista. El director manchego quiso involucrar personalmente a Mariné dentro de su equipo. “Almodóvar cuida mucho la imagen y sabe perfectamente que la gráfica del cartel es fundamental“, apunta Mariné. El éxito de este póster se refleja en que por primera vez no se cambió su diseño en ningún país del mundo. Mariné resume así la relevancia de su profesión: “Si la película no tiene un buen cartel, es como si no existe“.
 
Fundada en 2003 por Sergio González (Madrid, 1973), Barfutura cuenta bajo su firma más de 40 carteles. El año pasado diseñaron 18 póster para 10 películas. “No habrá paz para los malvados” es el último y con “Te doy mis ojos” se estrenaron en el mercado. “El bombazo de ese cartel fue nuestro trampolín“, reconoce su director.
 
Las productoras y las distribuidoras encargan, en la mayoría de los casos, un abanico muy amplio que incluye el cartel, el pressbook, los títulos de crédito, el cartel teaser y la página web. Marcan siempre unas directrices concretas respecto al resultado que desean obtener. Barfutura destina al diseño de un cartel una media de dos a tres meses.
La cabeza rapada del preso más bestia del cine español fue la protagonista del póster de “Celda 211“. Sergio Rozas, responsable de esta obra, es uno de los cinco diseñadores de User t38. La ‘producer’ de este estudio, Marga García, señala sin tapujos que “el trabajo de cartelería no supone algo rentable en absoluto“. Otras fases del proyecto como la post-producción y la pre-visualización garantizan los beneficios a estas pequeñas empresas. “Hacemos los carteles por pasión, realmente y hablando de números, no nos aportan casi ingresos“, reconoce la productora.
 
El cartel debe reunir al menos una condición indispensable: provocar. “El póster no es el factor número uno que consigue que el público pague por ver una película, pero es lo más visible”, admite Rozas. Desde su creación en 2001, su colección de trabajos asciende a más de 30, de los cuales el más laureado fue “El Laberinto del Fauno“.
 
González defiende que los cartelistas merecen también una categoría para optar a un Goya. “Trabajamos igual que los maquilladores“, reprocha el diseñador de Barfutura. Mariné manifiesta la necesidad de situar a los profesionales del póster al mismo nivel que el director o el encargado de la fotografía. “Somos el único medio para que la gente conozca la película. El cartel es el envoltorio del caramelo. Si es feo, lo que está en el interior no se va a vender“, subraya González.
 
 
 
Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: