El retrato de la Guerra Civil

21 10 2011
 
 
 
 
 
La voz dormida” es la última película española en llegar a las carteleras. Pero no será la que cierre las creaciones alrededor de la última Guerra Civil. Tampoco pondrá punto y final a las discusiones sobre si las películas son partidistas o tendenciosas.
En los primeros años de la década de los 40 se han colocado las últimas historias sobre la Guerra Civil. En esa época colocó Agustí Villaronga su multipremiada “Pa negre“; Carlos Iglesias contó el drama de los niños deportados a Rusia en “Ispansi” o José Luis Cuerda narró el drama de los republicanos escondidos en sus propias casas en “Los girasoles ciegos“.
 
Son sólo algunas de las 53 historias que durante la primera década del siglo XXI tuvieron como campo de operaciones la Guerra Civil o sus años posteriores, según el listado de películas calificadas para salas del Ministerio de Cultura. En total, el Gobierno clasificó 1.519 durante ese periodo, apenas el 3,4% de todos los largometrajes realizados durante ese periodo de tiempo.
De esta cincuentena de cintas, apenas dos decenas son largometrajes de ficción mientras que el resto de las películas son documentales que han ahondado en las particularidades del conflicto.
 
Sin embargo, si algo caracteriza a todas estas películas es la ausencia de una gran cinta bélica durante esta época y en años anteriores. “La sensación generalizada es la de que este tipo de cine carece de una gran película que sirva como guía y espejo de posteriores producciones, un film capaz de revisar la contienda con el suficiente rigor histórico y la máxima objetividad posible“, asegura Fernando Roncero Moreno, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha en un estudio sobre la relación entre la guerra y el cine.
 
 
Los tres años del conflicto han servido para mostrar la dureza de la represión, como en “Las trece rosas” o “Estrellas que alcanzar“; la lucha de los maquis en “Silencio roto” o el pretexto que usó Guillermo del Toro para unir un conflicto bélico con el mundo fantástico, como hizo en “El espinazo del diablo” y, sobre todo, en “El laberinto del fauno“. Pero, sobre todo, estas cintas han servido para retratar las penurias de la vida cotidiana que sufrieron aquellos que perdieron la guerra con cierto grado de objetividad.
 
Mientras la ficción usaba como marco la última guerra entre españoles, los documentalistas han sido los encargados de ofrecer luz sobre los tres años de contienda y todas las aristas nacionales e internacionales que provocó, incluso durante los años posteriores. De esta manera, los documentales ofrecen todas las visiones posibles, como el exilio mexicano de miles de republicanos en “La segunda patria“; la recuperación de la memoria histórica y las fosas donde fueron fusilados miles de represaliados, “Tras un largo silencio” o “El camino de la memoria” o simplemente los recuerdos de aquellos que sufrieron la guerra y la cuentan.
 
 
Anuncios




Imágenes del descalabro. Cómo el cine mundial ha reflejado la crisis

3 04 2011

 

 

El agitador de la BBC Adam Curtis realizó la clarividente película para televisión “The Trap: What Happened to Our Dream of Freedom” (2007), en la que anunciaba con lúcido diagnóstico el final de la opulencia y la inminente destrucción de un sistema económico basado en el interés individual. El corrosivo filme “Enron, los tipos que estafaron América” (2005), explicaba con algo de sorna los entresijos del sonado y desvergonzado escándalo financiero en la séptima empresa más importante de Estados Unidos. Junto a la serie “The Wire” (2002-2007), que durante los seis años previos al derrumbamiento esbozó una radiografía social y política de los fracasos del capitalismo, estas creaciones audiovisuales alertaron del peligro.

A partir de la quiebra oficial en 2008, el cine norteamericano ha tratado de lidiar con las contradicciones y la complejidad de la crisis imprimiendo en muchos casos relativismo a los hechos. Es el caso de la secuela de Oliver Stone, “Wall Street II. El dinero nunca duerme” (2010), el regreso de Gordon Gekko como tiburón de las finanzas en una de las películas más reaccionarias que han salido de Hollywood en los últimos años. Tom Tykwer apuntaba al concepto de la élite de Davos en su thriller financiero “The International: dinero en la sombra” (2009), que retrataba los oscuros intereses del mismo tipo de multinacionales a las que Michael Moore exigía cuentas en la panfletaria “Capitalismo: una historia de amor” (2009), que vendría a ser la versión sentimentalista y demagógica de “Inside Job”, recién estrenado en nuestro país. Más convincente es el docudrama “Cleveland vs. Wall Street” (2010), producción franco-suiza que ponía en escena la denuncia de una ciudad estadounidense a los banqueros de Wall Street por la emisión de hipotecas sub-prime.

La luz del cine independiente, siempre atenta a las enfermedades de su tiempo, ha alumbrado de múltiples modos las atrocidades económicas. Si alguien ha sabido captar el estado del alma neoyorquino tras la debacle ha sido Steven Soderbergh con “The Girlfriend Experience” (2009), y si alguien ha sabido profundizar en el angst existencial de la población más desfavorecida ha sido Kelly Reichardt con “Wendy & Lucy” (2008). A su vez, Sam Raimi dio rienda suelta a su rabia contra los bancos en “Arrástrame al infierno” (2009), humor macabro en clave fantástica-terror donde el germen de las pesadillas satánicas estaba en una sucursal bancaria. En “Up in the Air” (2009), de Jason Reitman, la ficción de un ‘especialista en despidos’ (George Clooney) convivía con la exposición de casos reales de pérdidas dramáticas de empleos.

Pendiente de estreno en nuestro país está la excelente “Tokio Sonata” (2008), del japonés Kiyoshi Kurosawa, donde la reconversión financiera aboca a una familia a la perdición. Michael Winerbottom adaptó para la pantalla el ensayo de Naomi Klein sobre política neoliberal en el documental “La doctrina del shock” (2010), y el alemán Christoph Hochhäusler retrató en “Unter dir die Stadt” (2010) la enfermiza atmósfera de una oficina con sentimiento apocalíptico, mientras que Jean-Luc Godard colocaba la crisis económica y la cuestión griega en el centro huracanado de su ensayo-collage “Film Socialisme” (2010). A excepción de la reciente “Vidas pequeñas” de Enrique Gabriel, el cine español, tradicionalmente autista, no ha mostrado de momento especial interés por explorar las causas y los efectos de la crisis. Con el drama criminal “La caja 507” (2002), Enrique Urbizu denunció la especulación inmobiliaria que hoy ocupa el centro de atención de la serie de calidad “Crematorio”. Y ahí queda todo, mientras seguimos a vueltas con la guerra civil y la conquista de América.

 





“Habitación en Roma”, una cita a ciegas en la Ciudad Eterna

20 06 2010

La última película del director Julio Medem une a Elena Anaya, una actriz que se consagra película a película y próxima chica Almodóvar y a Natasha Yarovenko, una recién llegada, pero con un futuro de cine, como lo reconoce el Premio que recibirá en el próximo Festival Internacional de Cine Cinema Jove, por una noche. El lugar, una habitación que esconde muchos secretos.

Alba es una ingeniera española y Natasha una rusa a punto de casarse. Las dos se conocen en Roma y deciden compartir su última noche en la Ciudad Eterna. La pasión, el dolor y el amor serán los protagonistas. Unas horas en las que se quitarán sus máscaras para desvelar muchas cosas que llevaban ocultas demasiado tiempo.

Esta es la historia de amor que nos cuenta Medem en Roma, pero esta ciudad solo la disfrutaron durante 24 horas, el resto de las semanas de rodaje transcurrieron entre cuatro paredes, en un decorado construido en Madrid.
La película es una cinta por encargo que le propuso el productor Álvaro Longoria a Medem. Se trataba de hacer un remake de la película chilena “En la cama” (2005) de Matías Bize. Pero el donostiarra no lo veía muy claro al principio, no entendía como conociendo su cine podían haber pensado en él. Pero Medem le dio vueltas al proyectos, escribió su versión en unos días y se puso como condición que la misma transcurriera durante la noche más corta del año y que la protagonizaran una rusa y una española que se encuentran en Roma.

Al principio el guión tenía más dosis de comedia, pero poco a poco, la historia dejó de ser un encargo y el universo de Medem fue contagiándolo todo, habitando en cada esquina, en cada rincón de esa habitación. La original sirvió a Medem de inspiración y fundamento únicamente y no se detecta referencias a la misma en ningún momento.

El argumento, sencillo, Roma, dos mujeres se encuentran y pasan la noche juntas en la habitación de un hotel. Esto no lleva a pensar fácilmente que nos encontramos ante una película de amor lésbico. Pero este es un film que tiene como objetivo reivindicar a la mujer, a lo femenino como centro de todo, y la belleza y el misterio como elementos indispensables para superar un fuerte dolor.

Temas que podemos localizar en la filmografía de Medem. Aquí se arriesga mucho con el lenguaje que usa, pero es que sino no sería Medem. Prescinde del mundo exterior, no se ve más allá del hotel y el paisaje, un elemento fundamental en su cine esta aquí presente de tres formas muy distintas y originales, el mundo visto a través del ordenador, el pasado (recuerdos) guardado en el móvil y los cuadros que cuelgan de las paredes.

Poco a poco las dos mujeres se van desnudando una frente a la otra, pero lo que realmente están desnudando son sus sentimientos más profundos y dolorosos que aflorarán a lo largo de una noche de confidencias y rechazos.

Medem va más allá y lo que empieza como una relación casual de sexo de una noche se convierte poco a poco en una auténtica historia de amor que marcará y dejará huella en sus protagonistas.
Porque todo ello, la relación sentimental y amorosa, las reflexiones que comparten, sus pasados, sus actitudes ante la vida, las dudas, las personalidades y su condición humana, no alcanzarían ese rigor y complejidad que se le pide a la cinta sino fuera por la puesta en escena de Medem. El director explora minuciosamente cada rincón de la habitación como si del alma humana se tratase.

Excelente también es el trabajo de interpretación de las dos actrices que desnudan a sus personajes en todos los sentidos y nos llevan muy fácilmente al terreno de lo físico y lo psíquico pretendidos por el director, para implicarnos de lleno en la historia.

“Habitación en Roma” podría ser considerada como el regreso de Medem a su universo particular sin la intrusión de elementos externos. Al igual que “Tierra” o “La ardilla roja”, la película narra una sencilla historia de amor en la que las mentiras, verdades a medias y el juego de identidades tiene un papel esencial en la trama. También, y como es habitual en el cine del donostiarra, la sexualidad tiene un importante papel como acto liberador del alma. Es curioso que en sus películas, el éxtasis sexual casi se asemeja siempre a una especie de éxtasis místico, como una manera de trascender la vida y la muerte a través del erotismo.

Las propias enamoradas explican que esta noche han sentido el amor más profundo, pasional y arrebatador que han experimentado nunca por nadie… que serían capaces de dejarlo todo (sus actuales vidas, parejas, trabajos…) por quedarse en Roma juntas… que van a gozar del mejor orgasmo de su vida… Pero ninguna de esas intenciones se llega a concretar.
El anuncio del mejor orgasmo de sus vidas acaba siendo dos orgasmos con las manos y un 69. Ninguna de las escenas de sexo muestra esa pasión extrema que tanto prometen. Sensibilidad y caricias, sí pero… qué lástima si esa ha sido, como dicen ellas, su mejor experiencia sexual…

El profundo enamoramiento proviene de la complicidad que se crea entre ellas al desvelarse secretos de sus vidas, al explicar sus sufrimientos, miedos, complejos, invenciones y fantasías… una vez más, lo que se refleja en la pantalla no llega al nivel de pasión y enamoramiento que es capaz de volverte la vida del revés, que te arrebata los sentidos y que te hace desmayar en el dolor-placer. La idea que intenta transmitir Medem existe, pero no tiene un resultado intenso, creíble, real. Aún así no deja de ser una buena y recomendable película de unos de los directores más ‘particulares’ de nuestro panorama nacional.

 
 

Página Web Oficial